La compañía integró por primera vez las iniciativas de Candelaria y Caserones en una estrategia común que contempla 31 cursos orientados a fortalecer la empleabilidad y ampliar oportunidades de desarrollo en comunidades urbanas y rurales de Atacama
En una región donde la minería forma parte de la vida productiva cotidiana, acceder a una capacitación puede convertirse en el primer paso hacia nuevas oportunidades laborales. Con esa lógica, Lundin Mining comenzó a desplegar un programa que contempla 31 cursos para más de 400 vecinos y vecinas de Tierra Amarilla, Caldera y Copiapó, combinando especialidades directamente relacionadas con la industria con otras competencias demandadas por los territorios.
La iniciativa incorpora formación en Operación de Planta, Operación de Grúa Horquilla, Soldadura, Técnicas de Prevención Vehicular, Primeros Auxilios, Guardia de Seguridad, Administración de Bodegas y Operación Logística, entre otras áreas. Los cursos se desarrollan entre junio y octubre y buscan responder tanto a necesidades del mercado laboral como a requerimientos levantados desde las propias comunidades.
Una estrategia común para dos operaciones
La principal novedad está en la forma en que Candelaria y Caserones comienzan a articular su trabajo comunitario bajo una misma estrategia de Lundin Mining. Caserones concentra parte de sus actividades en localidades rurales de Tierra Amarilla, desde Nantoco hacia la cordillera, mientras Candelaria desarrolla cursos en sectores urbanos de la comuna.
La iniciativa profundiza una línea de trabajo que ya ha permitido abrir nuevas rutas de formación minera para mujeres de Tierra Amarilla, acercando oportunidades de capacitación a habitantes de zonas próximas a las operaciones.
Ambas operaciones desarrollan programas de capacitación comunitaria desde 2018, pero esta es la primera vez que esas experiencias se integran bajo una estructura común. La apuesta busca ampliar cobertura, compartir aprendizajes entre los equipos y construir una oferta de formación que responda de manera más coordinada a las necesidades laborales de Atacama.
Para Julia Salas, gerenta de Desempeño Social y Asuntos Externos de Caserones, la integración permite proyectar el trabajo desarrollado durante los últimos años hacia una escala territorial mayor.
“La capacitación ha sido, desde hace años, una herramienta concreta para abrir oportunidades a las personas de nuestras comunidades. Hoy damos un paso muy relevante al integrar el trabajo que realizan Caserones y Candelaria bajo una mirada común de Lundin Mining, lo que nos permitirá ampliar el alcance del programa, compartir experiencias y seguir construyendo una oferta formativa pertinente, desarrollada junto a las comunidades y alineada con las necesidades del territorio y del mercado laboral”.
Desde Candelaria, Sergio Molina, gerente de Desempeño Social, puso el acento en el efecto que este tipo de formación puede generar más allá de la certificación individual. “Programas como este desarrollan capital humano y permiten a sus participantes acceder a mejores posiciones laborales, lo que se reflejará en mayor bienestar para sus familias”.
Los primeros resultados en las comunidades
El programa ya comenzó a mostrar resultados en sectores próximos a las operaciones. En el área de Caserones, 22 vecinos y vecinas de la Junta de Vecinos Valle Unido participaron en el curso Técnicas de Prevención Vehicular, formación destinada a entregar conocimientos que les permitan avanzar hacia la obtención de licencia de conducir Clase B. La experiencia se suma a otras iniciativas territoriales desarrolladas en Atacama, como los programas mediante los cuales Candelaria ha capacitado a habitantes de Caldera en nuevas competencias laborales y de cuidado.
La presidenta de la organización, Leidy Cruz, destacó un elemento que resulta especialmente relevante para el enfoque territorial del programa: la definición de contenidos a partir de necesidades planteadas por los propios habitantes.
“Una vez más estamos agradecidos del apoyo de Caserones, ya que este curso fortalece las oportunidades laborales de sus participantes. También es importante destacar que la temática fue solicitada por nosotros, entonces se trata de un proceso donde se incorpora la opinión de la comunidad”.
En los sectores urbanos de Tierra Amarilla, Candelaria también comenzó la ejecución de cursos. Constanza Robles, vecina de la comuna, participó en Técnicas de Operación Segura de Izaje para Rigger, una formación vinculada directamente con actividades desarrolladas dentro de la industria minera.
“Haber hecho este curso fue una experiencia súper buena. Me gustó mucho, sobre todo porque me enseñaron a desempeñar una labor tan delicada como el izaje de cargas. Siento que representa un paso importante en mi crecimiento profesional. Este curso me abre las puertas para integrarme con confianza en la industria minera”.
Del curso a una oportunidad laboral
La capacitación comunitaria se inserta en una estrategia más amplia que busca conectar el desarrollo productivo de Atacama con las capacidades disponibles en la propia región. Esa relación también ha comenzado a expresarse mediante iniciativas como la Feria Laboral impulsada por la Universidad de Atacama y Lundin Mining, donde empresas, estudiantes y profesionales han podido encontrarse alrededor de las necesidades de capital humano de la minería regional.
El desafío, sin embargo, no termina con completar un curso. La verdadera medida del impacto estará en cuánto de esa formación logra convertirse posteriormente en empleabilidad, reconversión laboral y mayores oportunidades para habitantes de las comunas mineras.
La articulación de Candelaria y Caserones permite ampliar la escala de la iniciativa; el siguiente paso será observar cuánto de ese esfuerzo logra traducirse en trayectorias laborales sostenibles dentro y fuera de la industria.

