La académica de la Universidad Católica del Norte encabezará el directorio 2026 a 2028, en una etapa marcada por la activación de proyectos y el desafío de conectar minería, energía, investigación y desarrollo tecnológico desde el norte
El Instituto de Tecnologías Limpias (ITL) tendrá nueva conducción para los próximos dos años. Carolina Rojas Córdova, decana de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Geológicas de la Universidad Católica del Norte, fue elegida presidenta del directorio para el período 2026 a 2028, justo cuando el organismo comienza a dejar atrás su etapa inicial y se prepara para poner en marcha sus primeros proyectos.
La nueva mesa estará integrada además por Elena Moreno González, de Corporación Alta Ley, como vicepresidenta; Carolina Cuevas Gutiérrez, de Colbún, como secretaria; y Paulina Ramírez del Barrio, de Atamostec, como tesorera. El directorio había sido ratificado el 5 de agosto por la Asamblea de Socios, en dependencias de Corfo en Santiago.
La renovación llega en un momento relevante para el ITL. Su primera etapa de puesta en marcha se extenderá hasta junio de 2027, mientras que la segunda fase de operación llegará hasta junio de 2030. A eso se suma un hito inmediato: durante el último trimestre de este año comenzará formalmente la primera cartera de proyectos del Instituto.
Una mesa con distintos mundos sentados juntos
La composición del directorio muestra la lógica con que el ITL quiere enfrentar esa nueva etapa. En la estructura participan representantes de universidades, minería, energía, cadena de valor y electromovilidad, entidades de coordinación, interés público y centros internacionales.
La apuesta es juntar actores que no siempre trabajan al mismo ritmo ni desde las mismas prioridades. En una región como Antofagasta, donde buena parte de los grandes desafíos tecnológicos del país están vinculados a minería y energía, esa coordinación puede resultar decisiva para que nuevas soluciones logren avanzar desde la investigación hacia su aplicación industrial.
Rojas puso ese objetivo en el centro de sus primeras definiciones. La académica planteó que durante su período se debe “acelerar la activación, desde Antofagasta, del ecosistema de innovación, poniendo en la misma mesa a trabajar a la academia, centros de investigación, emprendedores y empresas de todos los tamaños a resolver los desafíos industriales que tienen hoy la región y el país”.
Su planteamiento tiene además un componente territorial claro. No se trata solamente de desarrollar proyectos en Antofagasta, sino de procurar que parte del conocimiento y de las capacidades generadas permanezcan en el norte. La propia Rojas lo resumió al señalar que ese trabajo debe hacerse de manera concreta y sustentable, “dejando capacidades instaladas en el norte de Chile”.
El ITL comienza a mirar hacia la ejecución
Ese énfasis coincide con el momento que atraviesa la institución. Hasta ahora, buena parte del trabajo estuvo concentrado en levantar la estructura del Instituto, construir su red de socios y preparar las condiciones para su funcionamiento. Los próximos meses empiezan a cambiar esa lógica.
Patricio Aguilera, director ejecutivo del ITL, explicó que la nueva conducción asumirá precisamente durante el tránsito entre la puesta en marcha y la etapa operacional.
“Este Directorio asume en un momento clave para el Instituto: el tránsito entre la Primera Etapa de Puesta en Marcha, que concluye en junio de 2027, y la Segunda Etapa de Operación, que se extiende hasta junio de 2030. Esto además coincide con el inicio formal de la primera cartera de proyectos del ITL”, señaló.
Es ahí donde comenzará a verse con mayor claridad el alcance del Instituto. El ITL fue creado para acelerar la transformación productiva mediante el desarrollo e implementación de tecnologías limpias, especialmente en minería y energía, dos industrias que tienen en Antofagasta uno de sus principales polos de operación.
Para la minería, esa tarea supone acercar conocimiento y tecnología a problemas que están presentes todos los días en las operaciones: eficiencia, energía, reducción de emisiones, productividad y adaptación de nuevos desarrollos a condiciones industriales reales.
Una nueva etapa desde Antofagasta
El presidente saliente, Carlos Portillo, destacó el trabajo realizado durante la etapa fundacional y señaló que la nueva mesa recibirá una institución con una red de socios ya construida. “Quienes terminamos nuestro rol como directores salientes dejamos una institución con bases sólidas y una red de socios comprometida; confío en que esta nueva mesa sabrá conducir al ITL hacia la consolidación de su etapa operativa”, afirmó.
La llegada de Carolina Rojas coincide, por tanto, con un ITL que comienza a cambiar de ritmo. Con la primera cartera de proyectos prevista para los próximos meses, la conversación dejará de estar centrada solamente en la instalación del Instituto y empezará a mirar sus resultados en terreno.
Para Antofagasta, esa etapa abre una oportunidad adicional. La región concentra algunas de las mayores operaciones mineras y energéticas del país, pero lleva años discutiendo cómo capturar una parte mayor del conocimiento y del desarrollo tecnológico que esas industrias generan.
El ITL entra ahora precisamente en ese terreno. Si consigue conectar empresas, universidades, investigadores y desarrolladores alrededor de problemas reales de la industria, Antofagasta podría fortalecer no solo su condición de región minera, sino también su capacidad para crear soluciones tecnológicas desde el propio territorio.

