Más de 50 organizaciones forman parte de una red que despliega iniciativas en educación, empleabilidad, cultura, proveedores, medio ambiente y trabajo comunitario, desde Antofagasta y Caleta Coloso hasta Peine y comunidades indígenas del interior
En una misma sala coincidieron organizaciones dedicadas a la cultura, educación, emprendimiento, deporte, tecnología, medio ambiente y trabajo comunitario. No todas trabajan con las mismas personas ni enfrentan los mismos problemas, pero comparten algo: sus proyectos se desarrollan en distintos puntos de la Región de Antofagasta y forman parte de la red de inversión social de Escondida | BHP.
Más de 50 entidades participaron en la segunda versión de “Conectados por el Territorio”, una instancia que buscó algo más que reunir a quienes ejecutan programas junto a la compañía. La conversación estuvo puesta en qué está funcionando, qué aprendizajes pueden compartir las organizaciones y cómo aumentar el valor que esas iniciativas dejan en las comunidades. La red, según informó la minera, llega cada año a más de 100 mil personas en la región.
Detrás de esa cifra conviven iniciativas muy distintas. Una de ellas es Mujer, STEM y Minería, que durante 2026 proyecta llegar a cerca de cinco mil estudiantes de Antofagasta, acercando a niñas y jóvenes a la ciencia, la tecnología y la industria minera mediante experiencias educativas, mentorías y referentes femeninos.
También están los programas relacionados con proveedores y desarrollo productivo. El plan Proveedores & Futuro ha conectado a empresas locales, startups y compañías mineras, con una plataforma de compra local que supera los 2.300 proveedores registrados y que ha acumulado más de US$400 millones en compras, de acuerdo con cifras presentadas este año.
Siete caminos para llegar al territorio
La red está organizada en siete planes de inversión social: Cultura y Patrimonio; Territorio y Deporte; Empleabilidad, Mujer, STEM y Minería; Proveedores & Futuro; Medio Ambiente; Generación de Capacidades; y Trabajo Comunitario. Su despliegue va desde la ciudad de Antofagasta y Caleta Coloso hasta Peine y comunidades indígenas del interior regional.
Esa amplitud permite entender que hablar de inversión social minera ya no significa únicamente financiar proyectos aislados. El desafío está en conseguir que organizaciones con experiencias diferentes se conozcan, intercambien aprendizajes y encuentren puntos donde puedan trabajar juntas. El sector, de hecho, viene ampliando este tipo de intervenciones: más de 650 iniciativas de la gran minería están hoy reunidas en la Plataforma Social del Consejo Minero, abarcando educación, formación laboral, patrimonio y desarrollo productivo.
Para Pablo Pisani, vicepresidente de Asuntos Corporativos y Comunicaciones de Escondida | BHP, las organizaciones cumplen un papel que va más allá de ejecutar proyectos. Las definió como “socios estratégicos para contribuir al desarrollo del territorio”, destacando la necesidad de fortalecer vínculos y compartir aprendizajes entre quienes forman parte de esta red.
Durante la jornada también se revisaron los principales resultados del año fiscal 2026 y las prioridades del nuevo periodo. Pero apareció otro desafío menos visible: cómo demostrar que una iniciativa realmente está generando cambios en la vida de las personas y cómo comunicar ese valor sin reducirlo a cifras de cobertura. El encuentro incluyó precisamente un panel dedicado a impacto social, reputación, narrativa y construcción de confianza.
Cuando las organizaciones comienzan a encontrarse
Para quienes participan en los proyectos, una de las fortalezas de la instancia estuvo en reunir mundos que habitualmente avanzan por carriles separados. Juan Pablo Fuentealba, gerente general de Dos Barbas, destacó que no es frecuente encontrar organizaciones tan distintas trabajando alrededor de un mismo propósito y valoró el potencial que puede surgir de esa colaboración.
Algo similar ocurre con programas orientados a fortalecer las propias capacidades del territorio. Escondida | BHP y Fundación Minera Escondida impulsan, por ejemplo, Somos, iniciativa que desde 2015 ha acompañado la formación de nuevas generaciones de liderazgos sociales y que este año incorporó herramientas de incidencia pública, comunicación, innovación y sostenibilidad.
La directora de Corporación Cultural La Huella Teatro, Alejandra Rojas, aportó otra perspectiva. Su organización acumula más de una década de trabajo junto a la compañía y su experiencia, sostuvo, les ha mostrado que los avances más importantes aparecen cuando existe colaboración entre actores.
Ese puede ser también el punto más interesante de “Conectados por el Territorio”. Las más de 100 mil personas alcanzadas son una medida de escala, pero no necesariamente una medida de transformación. El paso siguiente es más exigente: saber qué cambió después de cada programa, qué capacidades quedaron instaladas y cuántas iniciativas logran seguir creciendo desde las propias comunidades.
En una región donde minería y territorio conviven todos los días, la inversión social gana profundidad cuando deja de ser una sucesión de proyectos y comienza a convertirse en una red capaz de conectar organizaciones, conocimiento local y oportunidades que permanezcan más allá de cada intervención.

