El país enfrenta la posibilidad de participar en el mercado de tierras raras desde una mirada industrial, priorizando procesamiento, tecnología y valor agregado en un sector clave para la transición energética y la electromovilidad
Las tierras raras han pasado de ser un concepto técnico a convertirse en un insumo estratégico para la economía global. Utilizadas en tecnologías asociadas a la transición energética, la electromovilidad y la digitalización, estos 17 elementos químicos se han posicionado como componentes críticos en industrias de alto valor, con una demanda creciente a nivel internacional.
Sin embargo, su relevancia no se explica solo por su disponibilidad geológica. El verdadero valor de las tierras raras está en su procesamiento, separación y refinamiento, etapas donde se concentra la mayor parte de la cadena productiva y donde hoy existe una alta concentración de capacidades a nivel global.
Una oportunidad que no pasa por grandes yacimientos
A diferencia de otros recursos minerales, el potencial de Chile en tierras raras no está necesariamente en la explotación de depósitos primarios. El foco comienza a desplazarse hacia fuentes secundarias como relaves mineros y subproductos, donde podrían existir oportunidades de recuperación.
Antonio Del Río, gerente Minería & Infraestructura de GHD Chile, advierte que el desafío es más complejo que la simple exploración. “El principal desafío no está en su existencia geológica, sino en la complejidad de su procesamiento, separación y refinamiento. Es ahí donde se captura el valor”, explica.
Este enfoque implica una mirada integrada. La identificación y aprovechamiento de estos recursos requiere combinar geología, metalurgia, procesos químicos y gestión ambiental, elevando el nivel de exigencia técnica respecto de otras actividades extractivas.
El riesgo de repetir un modelo conocido
El desarrollo de tierras raras plantea una pregunta clave para el país: cómo participar en la cadena de valor. La experiencia en otros minerales muestra que exportar concentrados sin procesamiento limita el impacto económico local, reduciendo la captura de valor.
“Sin infraestructura para procesamiento, sin capital humano especializado y sin una estrategia industrial de largo plazo, el riesgo es repetir un modelo conocido”, señala Del Río. El ejecutivo advierte que producir sin capacidades locales deja al país en una posición débil dentro de un mercado altamente competitivo y concentrado.
Este punto es especialmente relevante considerando que el mercado global de tierras raras está dominado por pocos actores, con fuertes ventajas tecnológicas e industriales. Ingresar a esta industria exige más que recursos: requiere capacidades, inversión y planificación de largo plazo.
Más que minería: una industria intensiva en conocimiento
A diferencia de otras actividades mineras, las tierras raras implican procesos químicos complejos y estándares ambientales exigentes. La gestión de estos proyectos requiere abordar variables técnicas, regulatorias y sociales de manera integrada, especialmente en etapas de procesamiento.
“La licencia social no es un complemento, es una condición habilitante”, sostiene Del Río. El desarrollo de esta industria depende de la capacidad de construir proyectos con altos estándares ambientales y una relación sólida con las comunidades, en un escenario donde la sostenibilidad es determinante.
Este elemento introduce un cambio relevante. Las tierras raras no se configuran como un ciclo expansivo tradicional, sino como una oportunidad selectiva, vinculada a innovación y desarrollo tecnológico más que a volumen de producción.
Una apuesta por diversificación productiva
El interés por estos minerales abre una ventana para diversificar la matriz productiva del país. La posibilidad de desarrollar capacidades en procesamiento, recuperación y tecnología posiciona a Chile en un espacio distinto dentro del mercado, más cercano a la industria que a la extracción.
“Las tierras raras no son un negocio minero tradicional. Son una industria intensiva en conocimiento, tecnología y gestión”, afirma Del Río. El ejecutivo sostiene que el desafío es avanzar con realismo para construir una posición sostenible en el mercado global, evitando expectativas sobredimensionadas.
En ese camino, el desarrollo de capacidades locales aparece como el factor determinante. La oportunidad no está solo en lo que se extrae, sino en lo que se procesa, se transforma y se integra a la cadena de valor, en un sector clave para las tecnologías del futuro.

