Kinross presentó ante APRIMIN la estrategia técnica y de abastecimiento del proyecto aurífero, mientras avanza su evaluación ambiental y comienza a preparar la cadena de suministro que acompañará una futura operación en la cordillera de Atacama
En la alta cordillera de Atacama, Lobo Marte empieza lentamente a salir de los planos para conversar con quienes algún día podrían ayudar a construirlo y operarlo. Mientras el proyecto continúa su evaluación ambiental, Kinross reunió a proveedores para explicar cómo imagina su desarrollo y qué capacidades necesitará en una de sus principales apuestas de crecimiento en Chile.
La conversación se produjo durante un nuevo Desayuno de Proyectos de APRIMIN, donde Mauricio Aguilar, Vice President & Project Director de Kinross, y José Agustín Bozo, superintendente de Abastecimiento de Kinross Chile, presentaron la estrategia técnica, ambiental y de suministro de la iniciativa. El proyecto está ubicado a unos 170 kilómetros al noreste de Copiapó y busca prolongar la presencia productiva de la compañía en Atacama.
Lobo Marte atraviesa ahora una etapa decisiva. El ingreso de su Estudio de Impacto Ambiental abrió este año la evaluación de uno de los proyectos auríferos más relevantes de Atacama. Kinross confirmó en julio que el proceso continúa avanzando mientras desarrolla ingeniería de detalle y planificación para una eventual ejecución.
Las cifras también muestran la escala de lo que viene. La compañía estima actualmente una inversión inicial cercana a US$1.800 millones, una vida operacional de 15 años y una producción de aproximadamente 4,6 millones de onzas de oro durante ese periodo. Si los permisos y la ejecución avanzan de acuerdo con lo previsto, la primera producción se proyecta para comienzos de la década de 2030.
La Coipa como punto de apoyo
El diseño busca aprovechar lo que Kinross ya tiene construido en la cordillera. El proyecto considera explotación a rajo abierto y procesamiento mediante lixiviación en pilas, mientras parte de la infraestructura hídrica y eléctrica utilizará instalaciones y trazados asociados a La Coipa. También se contempla optimizar la Ruta C-341 para mejorar la conectividad y reducir nuevas intervenciones territoriales.
Esa lógica permite pensar Lobo Marte como una continuidad del distrito minero que la compañía ha construido durante décadas en Atacama. Kinross también proyecta utilizar electricidad 100% renovable desde la red, palas eléctricas y sistemas solares con baterías para el campamento, incorporando esas decisiones desde el diseño inicial del proyecto.
Los proveedores comienzan a entrar en escena
Pero el encuentro con APRIMIN dejó otra señal. A medida que avanzan ingeniería y permisos, la cadena de suministro comienza a prepararse. El modelo de abastecimiento y la participación de proveedores fueron parte central de la conversación, precisamente cuando Atacama busca fortalecer sus empresas locales y conectarlas con la demanda de los nuevos proyectos mineros.
Para la región, el desafío no es menor. Un proyecto de esta escala puede abrir oportunidades para servicios, mantenimiento, ingeniería, logística, construcción y múltiples especialidades, pero capturar ese valor dependerá también de que las empresas locales lleguen preparadas cuando comiencen a definirse los paquetes de contratación.
La actividad minera de Kinross ya genera movimiento laboral en la zona. La compañía ha mantenido durante este año procesos de contratación para perfiles técnicos y profesionales en Atacama, una señal de las capacidades que demanda su actual operación y que podrían ampliarse con nuevos desarrollos.
También habrá una dimensión comunitaria. Kinross informó que, antes del ingreso ambiental, realizó un proceso de participación temprana que alcanzó a unas 5.000 personas, incluyendo comunidades indígenas Colla, autoridades y otros actores regionales.
Lobo Marte todavía tiene camino regulatorio por recorrer. Pero su presentación frente a los proveedores muestra que Kinross ya empieza a mirar más allá del permiso ambiental. Mientras la ingeniería avanza en la cordillera, en Atacama comienza otra tarea igual de importante: preparar empresas, trabajadores y capacidades locales para que una parte relevante del valor del proyecto pueda quedarse en el territorio.

