Novandino Litio, sociedad entre Codelco y SQM, ingresó un proyecto de US$3.000 millones que busca dar continuidad a la operación en el Salar de Atacama, incorporar nuevas tecnologías y eliminar gradualmente el uso de agua continental
Novandino Litio, empresa conjunta entre Codelco y SQM, ingresó al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental el Estudio de Impacto Ambiental del proyecto “Continuidad Operacional y Desarrollo Minero Futuro en el Salar de Atacama”, iniciativa conocida como Salar Futuro, que busca extender la operación de litio hasta el año 2060. La iniciativa considera una inversión de US$3.000 millones y apunta a dar continuidad a una operación actualmente proyectada hasta 2030.
El proyecto mantiene la base operacional existente, pero propone una transformación progresiva hacia un sistema productivo integrado, con nuevas tecnologías orientadas a producir más litio con menor extracción de salmuera y sin uso de agua continental. Según la descripción oficial de Salar Futuro, la iniciativa se apoya en procesos basados en tecnología, ciencia e innovación para dar continuidad operacional en el Salar de Atacama más allá de 2030.
La evaluación ambiental pondrá el foco en San Pedro de Atacama y en la Región de Antofagasta, porque el salar concentra la operación más relevante de litio del país y una discusión permanente sobre producción, agua, ecosistemas, comunidades, turismo, infraestructura y legitimidad territorial.
El salar que sostiene la producción chilena
El Salar de Atacama es el principal centro productivo de litio en Chile y una pieza estratégica para la oferta futura de minerales críticos. Actualmente, la operación del salar se vincula a SQM Salar y Albemarle, compañías que han desarrollado procesos basados en extracción de salmuera, concentración y posterior conversión en productos de litio.
El ingreso de Salar Futuro ocurre en un mercado donde la demanda global sigue empujada por baterías, electromovilidad y almacenamiento energético. Cochilco proyectó que la demanda mundial de litio alcanzaría 1,34 millones de toneladas de LCE en 2025 y 1,56 millones de toneladas de LCE en 2026, con el consumo para baterías de automóviles eléctricos como principal fuente de demanda.
Ese contexto explica la relevancia del proyecto. No se trata solo de una continuidad operacional, sino de una definición sobre cómo Chile proyectará su principal activo de litio durante las próximas tres décadas, en un territorio donde la expansión productiva deberá ser evaluada junto con sus exigencias ambientales, hídricas y comunitarias.
Agua, tecnología y nueva forma de producir
Uno de los principales cambios propuestos por Salar Futuro es la incorporación de tecnologías de extracción selectiva de litio, entre ellas evaporación forzada, separación por membranas y Extracción Directa de Litio, también conocida como DLE. El objetivo es avanzar hacia una operación más eficiente, con menor presión sobre recursos hídricos y mayor recuperación del mineral.
La propuesta considera una transición de siete años para reducir gradualmente el uso de agua continental hasta eliminarlo, reemplazándolo por agua recuperada dentro del propio proceso. El sitio oficial del proyecto plantea que Salar Futuro busca producir más litio con menos extracción de salmuera y sin uso de agua continental, lo que será uno de los puntos más observados durante la evaluación.
La operación futura deberá demostrar que esa promesa tecnológica puede verificarse en terreno. En el Salar de Atacama, la discusión sobre litio no depende únicamente de los volúmenes de producción, sino también de la trazabilidad del agua, el monitoreo de salmueras, la gestión ambiental y la capacidad de anticipar impactos acumulativos.
Claves de Salar Futuro
| Eje | Antecedente |
|---|---|
| Titular | Novandino Litio |
| Socios | Codelco y SQM |
| Inversión | US$3.000 millones |
| Operación proyectada | Hasta 2060 |
| Producción estimada | Hasta 470.000 toneladas anuales de LCE |
| Territorio principal | Salar de Atacama, San Pedro de Atacama |
| Infraestructura asociada | Sierra Gorda y Antofagasta |
| Tecnologías | DLE, membranas y evaporación forzada |
| Transición hídrica | Siete años para eliminar uso de agua continental |
| Monitoreo | Pozos del Plan de Seguimiento Ambiental Hídrico |
Comunidades y gobernanza territorial
La dimensión comunitaria también será parte central del proceso. De acuerdo con la información oficial de la alianza Codelco-SQM, la asociación contempla un proceso de diálogo permanente con comunidades atacameñas de la cuenca del Salar de Atacama, además de mecanismos de gobernanza socioambiental y fondos vinculados a salud, educación, empleo, cultura y desarrollo local.
El sitio oficial de Novandino Litio señala que la participación indígena continuará en el marco del ingreso de Salar Futuro al SEIA, instancia donde deberá desarrollarse una consulta indígena a cargo del Estado para evaluar impactos ambientales susceptibles de afectar directamente a pueblos indígenas.
Ese punto será especialmente relevante porque la evaluación no solo deberá revisar obras, tecnologías y producción, sino también la relación de largo plazo con las comunidades del área de influencia. Para una operación proyectada hasta 2060, la gobernanza territorial, el acceso a información y el seguimiento ambiental serán condiciones decisivas para sostener legitimidad.
La primera gran prueba de Novandino
El ingreso del EIA marca la primera gran prueba ambiental y territorial de Novandino Litio. La sociedad entre Codelco y SQM deberá demostrar que puede sostener una operación de largo plazo con nuevas tecnologías, menor uso de agua continental, control verificable de salmuera, monitoreo robusto y una relación permanente con el territorio.
El punto crítico será la confianza. Salar Futuro promete una nueva forma de producir litio en el salar más relevante del país, pero esa promesa deberá medirse con datos, trazabilidad, participación, fiscalización y resultados observables durante el proceso de evaluación ambiental y, eventualmente, durante su ejecución.
Para Chile, Salar Futuro será más que un trámite ambiental. Será una señal sobre la próxima etapa del litio: si el país puede aumentar producción, fortalecer el rol del Estado, incorporar tecnología y resguardar un territorio donde cada decisión minera tiene efectos ambientales, sociales, culturales y económicos de largo plazo.

