La infraestructura hídrica emerge como condición habilitante para la inversión minera y el crecimiento regional, en un escenario de creciente escasez de agua continental
La desalación se está consolidando como una plataforma estructural para el desarrollo de la Región de Atacama, en un contexto marcado por restricciones hídricas y alta demanda de la industria minera. Así lo planteó el gerente general de Aguas CAP, Hernán Aravena, durante el congreso ACADES 2026, donde abordó el vínculo entre agua y minería como un factor crítico para el crecimiento económico del norte del país.
“El agua se ha convertido hoy en una condición crítica para la viabilidad de la actividad minera. Cada ciclo de expansión del sector ha requerido nuevas respuestas en materia de seguridad hídrica y, en la actualidad, la desalación se posiciona como el principal instrumento para enfrentar este escenario”, señaló el ejecutivo.
Seguridad hídrica y límite estructural en Atacama
En Chile, la minería utiliza cerca de un 4% del agua a nivel nacional, pero en regiones del norte este consumo puede alcanzar hasta el 50%. En ese escenario, más de un tercio del agua utilizada por el sector ya proviene del mar, ya sea mediante captación directa o procesos de desalación, lo que refleja un cambio estructural en la matriz hídrica de la industria.
Aravena advirtió que la Región de Atacama enfrenta un límite estructural en la disponibilidad de agua continental, lo que condiciona su desarrollo futuro. Este factor adquiere mayor relevancia considerando que la región concentra cerca del 17% de la inversión minera proyectada para la próxima década, posicionándola como un territorio clave para la economía nacional.
Frente a este escenario, la expansión de infraestructura de desalación se vuelve indispensable. La disponibilidad de agua se transforma en un habilitador directo de proyectos mineros, empleo y crecimiento económico, lo que refuerza su carácter estratégico en la planificación regional.
Infraestructura hídrica como motor productivo
En este contexto, el caso de Aguas CAP fue presentado como un ejemplo de infraestructura hídrica que ha permitido sostener operaciones productivas en la región. La compañía ha operado durante más de una década en Atacama, abasteciendo procesos mineros y otros usos productivos, consolidándose como un actor relevante en el encadenamiento económico local.
Actualmente, el sistema cuenta con una capacidad instalada de 400 litros por segundo, con potencial de expansión a más de 1.000 l/s en el corto plazo, gracias a su diseño modular. El modelo permite escalar la producción de agua en función de la demanda, integrando flexibilidad y eficiencia operacional.
El ejecutivo destacó además que desde 2026 la operación funciona con energía 100% renovable, y que el recurso hídrico producido se destina tanto a minería como a consumo humano y agricultura. Esta versatilidad posiciona a la desalación como una solución transversal para distintos sectores, más allá de la industria minera.
Escalamiento y desarrollo sostenible de largo plazo
El principal desafío hacia adelante es avanzar en el escalamiento progresivo de la infraestructura para acompañar el crecimiento regional. La hoja de ruta contempla aumentar la capacidad a más de 1.000 l/s en el corto plazo y entre 3.000 y 5.000 l/s en el largo plazo, lo que permitiría sostener la expansión productiva en Atacama.
Este proceso se apoyará en dos ejes: la excelencia operacional y la expansión de capacidades mediante innovación e infraestructura. El objetivo es asegurar continuidad del suministro y habilitar nuevas inversiones en la región, en un entorno donde el agua se ha transformado en un recurso crítico.
Más allá de la operación específica, el enfoque apunta a consolidar una plataforma de seguridad hídrica de largo plazo. La desalación deja de ser una solución puntual para convertirse en infraestructura estratégica del desarrollo regional, en un contexto donde la disponibilidad de agua define la viabilidad de proyectos y territorios.


