Caminos, plazas y veredas comienzan a incorporar escoria de cobre como material constructivo, en iniciativas que buscan reutilizar pasivos mineros, optimizar recursos y generar soluciones de infraestructura con impacto local y respaldo científico.
Durante décadas, la escoria de cobre fue considerada un residuo industrial asociado a grandes depósitos y a preocupaciones ambientales. Sin embargo, investigaciones recientes y experiencias en terreno están demostrando que este material puede reintegrarse de manera segura a la ciudad, transformándose en un insumo para infraestructura vial, espacios públicos y mobiliario urbano.
La escoria es un material duro, estable y resistente, que no se disuelve en agua y que, bajo condiciones controladas de manejo y tratamiento, presenta alta estabilidad física y química. Estas características han permitido que deje de ser vista únicamente como un pasivo ambiental y comience a ser considerada un recurso con potencial de reutilización, especialmente en el contexto de la economía circular.
Qué es la escoria de cobre
Según Jaime Morales, director del Centro de Minería de la Escuela de Ingeniería Química de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y adherente de Compromiso Minero, “la escoria es el material que queda cuando se produce cobre en una fundición”. Explica que “al derretir el mineral, el cobre se separa y las impurezas se agrupan formando un sólido parecido a una piedra o a un vidrio oscuro”.
En un país como Chile, líder mundial en producción de cobre, la escoria se acumuló históricamente en torno a las fundiciones, convirtiéndose en uno de los principales pasivos ambientales de la actividad minera. Con el tiempo, y a partir de evidencia técnica, comenzó a evaluarse su reutilización en aplicaciones industriales y urbanas.
Aplicaciones en vialidad e infraestructura urbana
En Codelco, también adherente de Compromiso Minero, se han impulsado proyectos piloto que cuentan con respaldo técnico del Laboratorio de Vialidad del MOP y de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, entre otras entidades.
Estas experiencias han permitido incorporar escoria en pavimentación y vialidad, agregando hasta un 30% del material en mezclas asfálticas, además de su uso como estabilizante en la base y sub-base de obras viales. “Esto ya lo hemos probado en el propio andén de buses de la División, en tramos de caminos como la ruta Concón–Puchuncaví, y en pavimentaciones próximas a inaugurarse”, explica Marcela Pantoja, gerenta de Sustentabilidad y Asuntos Externos de Codelco Ventanas.
Mobiliario urbano y espacios públicos
Asimismo, la escoria ha sido utilizada en la fabricación de mobiliario urbano y materiales de construcción, como adoquines, escaños, baldosas, losetas, fachaletas y maceteros, incorporando hasta un 30% del material. Estas aplicaciones fueron implementadas en la recuperación de la plaza Félix Sanfuentes de Quintero, junto con juegos fabricados con plástico reciclado y luminarias solares.
“Transformamos el espacio en un ejemplo de economía circular y sustentabilidad al servicio de la comunidad”, agrega Pantoja, destacando el impacto territorial de este tipo de iniciativas.
Experiencia de Anglo American y proyección nacional
Otro caso es el de Anglo American, también adherente de Compromiso Minero. Desde su Fundición Chagres, la compañía proyecta la reutilización de escorias como una práctica clave dentro de los modelos de desarrollo responsable.
“Solo en Chile existe un volumen estimado de casi 49 millones de toneladas”, señala Kattherine Ferrada, gerenta de Medio Ambiente de Anglo American, indicando que estas podrían reemplazar hasta un 60% de una mezcla asfáltica.
Durante 2025, la compañía inauguró un camino interno construido con una mezcla que incorporó un 48,7% de escorias de cobre y un 48,7% de relaves mineros, en un tramo de 500 metros de largo y 9 metros de ancho, como parte de la evaluación del comportamiento de este tipo de soluciones y su potencial aplicación a escala nacional.
Economía circular y desarrollo local
Estas experiencias demuestran que es posible cerrar el ciclo de un material históricamente tratado como residuo, transformándolo en un insumo útil para infraestructura urbana. Además, su reutilización podría generar efectos positivos en la economía local, impulsando proveedores y emprendimientos asociados a la fabricación de productos en base a escoria de cobre.

