El Centro de Estudios del Cobre y la Minería (CESCO) presentó en el GAM su documento “Reforzar lo que funciona, transformar lo que limita: Un nuevo impulso de crecimiento para Chile desde la minería”, que contiene 21 propuestas para recuperar la competitividad y dinamismo del sector. La iniciativa se enmarca en la necesidad de alinear esfuerzos público-privados en torno a metas concretas para la industria.
En el evento, CESCO subrayó que la minería representa más del 40% de los ingresos fiscales de Chile y consolida al país como líder mundial en cobre, pero enfrenta desafíos por la caída de la inversión exploratoria en proyectos greenfield, la extensión de los permisos y la baja inversión en innovación.
Las 21 propuestas de CESCO se estructuran en tres ejes. El primero busca atraer inversiones de calidad para reactivar la minería, con medidas como un seguro de invariabilidad tributaria y nuevos incentivos a la exploración.
El segundo plantea fortalecer la institucionalidad mediante la modernización de organismos como SERNAGEOMIN y COCHILCO, la consolidación de la Política Nacional Minera 2050 y reformas en la gobernanza de CODELCO y ENAMI.
El tercer eje se enfoca en impulsar la innovación y la transformación productiva, proponiendo destinar parte del Royalty Minero a investigación y desarrollo (I+D) y establecer una Estrategia Nacional de Innovación que aborde minería subterránea, litio, procesamiento de sulfuros, relaves y economía circular.
Panel de expertos y proyecciones para el sector
Tras la presentación del documento, se realizó un panel de discusión con representantes de la academia, la industria y la política pública, que analizó la viabilidad de las medidas y su impacto en el sector.
El director ejecutivo de CESCO, Jorge Cantallopts, sostuvo que “Chile es y seguirá siendo minero” y que la clave es mejorar el atractivo local para atraer inversiones y potenciar la internacionalización de proveedores nacionales.
El informe proyecta que Chile puede alcanzar 6 millones de toneladas de cobre fino en cinco años y superar 6,5 millones en la próxima década, además de avanzar hacia un millón de toneladas de litio en diez años, duplicar proyectos de oro, consolidar la producción de hierro por sobre 10 millones de toneladas anuales y habilitar nuevos proyectos en minerales emergentes como tierras raras y cobalto. También se plantea el desafío de duplicar cada cinco años la exportación de proveedores y conocimiento minero.
En el panel, Marcela Angulo, académica y directora de la UdeC Santiago, señaló que “el rol de la minería en la transición energética exige una estrategia con metas claras, mecanismos de seguimiento y gobernanza sólida”. Agregó que se requiere un plan de acción concreto para maximizar la captura de valor de los recursos y llamó a agilizar los permisos sectoriales, recordando que el 70% de los plazos corresponde a trámites internos.
Por su parte, el ex biministro de Energía y Minería, Juan Carlos Jobet, destacó la pertinencia de las propuestas, pero advirtió que antes de diseñar nuevos planes de I+D “debemos asegurarnos de que los fondos existentes generen impacto real en la industria”.
A su vez, Daniela Desormeaux, directora de Estudios de Vantaz y directora de CESCO, hizo un llamado a considerar los relaves como un activo estratégico y no sólo como un pasivo, y enfatizó el rol del capital humano para definir el futuro del sector.
El sociólogo Alberto Mayol planteó que la sinergia entre minería y energía representa una oportunidad que aún no se despliega completamente y que requiere mayor articulación regional y proyección internacional de la industria de proveedores.
El evento permitió contrastar visiones y debatir sobre los desafíos urgentes para reposicionar la minería chilena como motor de desarrollo sostenible y competitivo, reforzando el aporte del sector a la transición energética global y a los encadenamientos productivos.

