Iniciativa implementada en escuela pública combina juego, movimiento y contenidos curriculares para mejorar el aprendizaje en matemáticas y abordar brechas desde la primera infancia en el norte de Chile
En María Elena, una comuna marcada por la actividad minera en la Región de Antofagasta, una experiencia educativa comienza a modificar la relación de los estudiantes con las matemáticas. En la Escuela Arturo Pérez Canto D-133, niños y niñas de primero a cuarto básico participan en un programa que combina aprendizaje y movimiento, logrando disminuir la ansiedad matemática desde etapas tempranas y mejorar su disposición frente a la asignatura.
La iniciativa forma parte del programa “Matemáticas en Movimiento”, impulsado por Minera Antucoya junto a Fundación Momat, y se materializa en un patio matemático especialmente diseñado. El modelo integra contenidos curriculares con actividad física, permitiendo que el aprendizaje ocurra en un entorno dinámico y participativo.
Aprender jugando para cambiar la experiencia educativa
La metodología combina clases de matemáticas y educación física mediante tres plataformas pedagógicas instaladas en un espacio de 75 m². Los estudiantes resuelven ejercicios de suma, multiplicación y geometría a través del movimiento, transformando el proceso de aprendizaje en una experiencia activa.
El punto de partida no es menor. Según la Agencia de Calidad de la Educación, más del 50% de los estudiantes de cuarto básico presenta ansiedad matemática, lo que impacta directamente en su rendimiento. El aprendizaje lúdico permite reducir barreras emocionales y mejorar la comprensión de contenidos, especialmente en los primeros años de formación.
El director del establecimiento, Nelson Madrid Márquez, valoró el impacto de la iniciativa: “es posible enseñar matemáticas de forma activa y participativa, incorporando el movimiento en el proceso educativo”, señaló.
Educación como base del desarrollo territorial
El programa también responde a una mirada de largo plazo desde la industria minera. Miguel Marín, gerente de Personas y Organización de Minera Antucoya, explicó que “fortalecer la formación de los niños es clave para el desarrollo de talento local en la comunidad”, destacando el vínculo entre educación y futuro laboral.
La iniciativa incluye capacitación docente y herramientas de seguimiento del progreso académico, lo que permite consolidar un enfoque integral. El acompañamiento a profesores y la medición de resultados se integran como parte del modelo, asegurando continuidad en el aprendizaje.
Reducción de brechas desde la infancia
Uno de los ejes del programa es abordar la brecha de género en matemáticas desde etapas tempranas. José Gaete, director de Formación e Innovación de Fundación Momat, explicó que “aprender jugando permite transformar la percepción de la asignatura y generar experiencias significativas”, incidiendo directamente en la motivación de los estudiantes.
En esa línea, el programa promueve una participación equitativa. Niñas y niños enfrentan la asignatura en igualdad de condiciones, reduciendo sesgos y fortaleciendo la confianza en sus capacidades, especialmente en áreas vinculadas a habilidades STEM.
Desde Antofagasta Minerals, Claudia Pacheco, gerente (i) de Asuntos Públicos Norte, destacó el impacto de este enfoque: “facilitar el aprendizaje desde temprana edad amplía las oportunidades futuras”, relevando la importancia de intervenir en etapas iniciales.
Innovación educativa con impacto en la comunidad
La implementación también ha sido valorada por las familias. Cristian Gallardo, presidente del Centro General de Padres, señaló que “el juego es una herramienta poderosa para motivar a los estudiantes y fortalecer su aprendizaje”, destacando el cambio en la actitud de los niños frente a la asignatura.
Más allá de la experiencia puntual, el programa abre una discusión más amplia. La articulación entre industria, educación y comunidad se posiciona como un factor clave para enfrentar brechas educativas, especialmente en territorios donde la actividad minera define el entorno social.
La experiencia de María Elena muestra que la innovación puede surgir desde lo local. El aprendizaje activo y el vínculo con el territorio emergen como herramientas para transformar la educación, proyectando un modelo que podría replicarse en otras comunidades del norte de Chile.

