Con más de 20 horas de clases teóricas y prácticas, 66 participantes, entre productores mineros y estudiantes técnicos, finalizaron exitosamente el Curso de Producción Segura 2024, desarrollado en la sede INACAP Renca.
La instancia formativa —impulsada por INACAP, el Ministerio de Minería, SONAMI, ENAMI y SERNAGEOMIN— fue parte de un programa de alcance nacional que también llegó a Antofagasta, Copiapó y Maipú, con un claro objetivo: fortalecer las competencias técnicas y de seguridad de la pequeña minería chilena.
El curso, desarrollado durante tres meses, fue estructurado en módulos estratégicos vinculados al quehacer minero, incluyendo perforación, tronadura, acuñadura y fortificación. Pero además de sus sólidos contenidos tradicionales, esta experiencia innovó al incorporar herramientas tecnológicas de vanguardia, como el uso de software especializado y recorridos inmersivos en el metaverso, transformando la forma en que se aprende y se enseña minería en Chile.
Trabajo colaborativo y nuevas generaciones para una minería del futuro
Durante la ceremonia de certificación realizada en Renca, la gerente general de SONAMI, Carolina Vásquez, destacó que “este es un claro ejemplo del trabajo colaborativo entre el sector público, privado y académico“, enfatizando la importancia de “impulsar una cultura preventiva y una formación continua que refuerce el capital humano de la minería, especialmente en su segmento de menor escala”.
La pequeña minería, que representa una fuente de sustento clave para cientos de comunidades en zonas rurales y productivas del país, se ve fortalecida con este tipo de programas, que abordan no solo la técnica, sino también la seguridad como un eje prioritario. En este contexto, la formación de calidad se vuelve una herramienta esencial para el desarrollo de territorios y personas, promoviendo mejores prácticas operacionales y mayor competitividad en el sector.
Una de las innovaciones más valoradas fue la incorporación de estudiantes de liceos técnico-profesionales y de la misma INACAP, quienes accedieron a becas para integrarse al programa. Este enfoque fortalece el vínculo entre el mundo formativo y el sector productivo, potenciando el acercamiento temprano de nuevos talentos a la industria minera.
Conocimiento aplicado y conexión con el territorio
Más allá del aula, los participantes del curso realizaron visitas técnicas a faenas reales, lo que les permitió observar directamente la aplicación de los conocimientos adquiridos. Esta vinculación con el entorno productivo no solo consolidó los aprendizajes, sino que también generó redes entre actores de distintos niveles del ecosistema minero.
La metodología práctica, el enfoque territorial y el uso de tecnologías emergentes se combinaron en una experiencia formativa integral. “Capacitar hoy a nuestros productores y jóvenes es invertir en una minería más segura, moderna e inclusiva para mañana”, concluyó uno de los organizadores.
Esta experiencia evidencia que el desarrollo de competencias técnicas en minería no puede estar desconectado de los desafíos actuales del sector, como la digitalización, la sostenibilidad, la equidad de género y la inclusión territorial. Programas como este refuerzan la convicción de que el capital humano es clave para la transformación minera del país, y que el trabajo conjunto entre instituciones puede marcar una diferencia real en la vida de las personas y comunidades.

