El líder de Minnovex plantea que Chile cuenta con un ecosistema más maduro para validar tecnologías mineras, pero advierte que el gran desafío está en escalar pilotos, cerrar acuerdos comerciales y llevar soluciones reales a las operaciones
Por Sandra Guijarro Vilela
Durante años, la discusión sobre innovación minera en Chile estuvo marcada por una pregunta inicial: cómo abrir espacio para nuevas tecnologías en una industria exigente, intensiva en capital y con altos estándares operacionales. Hoy, esa conversación cambió.
Las principales compañías cuentan con programas de innovación abierta, existen centros de pilotaje, universidades activas y una red de proveedores tecnológicos que empieza a mirar la minería como mercado estratégico.
Pero el principal obstáculo ya no está solo en desarrollar soluciones o validarlas en entornos controlados. El punto crítico aparece después: cuando un piloto debe convertirse en implementación industrial, contrato comercial y operación a escala dentro de una faena minera. Ese tránsito, donde muchas innovaciones se detienen antes de llegar al mercado, es uno de los temas que Tomás Bravo Hepp busca instalar en el nuevo ciclo de Minnovex.
El CEO de Chucao Tech asumió la conducción del gremio para el período 2026-2028, en una etapa donde la industria minera chilena enfrenta mayores exigencias de productividad, seguridad, sustentabilidad y eficiencia operacional. Su llegada ya había sido anticipada como una señal para profundizar la relación entre proveedores tecnológicos y compañías mineras, pasando desde los convenios hacia pruebas, validaciones e implementaciones concretas en faena.
Desde su experiencia como emprendedor, Bravo ha vivido ese camino de manera directa. Su empresa desarrolló una tecnología basada en nanoburbujas que nació para resolver un problema ambiental en la salmonicultura, luego se adaptó a sistemas de riego en la agricultura y posteriormente encontró aplicaciones industriales en minería.
Al frente de Minnovex, organización que reúne a proveedores tecnológicos para la minería, Bravo plantea que Chile vive un “momento trampolín” para la innovación. Sin embargo, advierte que el país debe fortalecer la articulación entre compañías, proveedores, centros de pilotaje, universidades y organismos públicos para acelerar el escalamiento tecnológico.
En entrevista con Territorio Minero, el dirigente aborda las brechas que aún frenan la adopción de nuevas soluciones, las áreas donde ve mayores oportunidades y el rol que pueden cumplir los proveedores tecnológicos en una industria presionada por menores leyes de mineral, mayores costos, seguridad operacional, sostenibilidad y productividad.
Chile cuenta con capacidades mineras de clase mundial. ¿Qué falta para que el país deje de ser reconocido solo como productor de cobre y avance hacia una industria exportadora de tecnología minera?
Durante los últimos años se ha consolidado un ecosistema de apoyo que antes no existía y que hoy constituye una base muy sólida para impulsar ese cambio. Me refiero al trabajo conjunto de corporaciones mineras, centros de pilotaje, universidades, centros tecnológicos, programas de innovación y organismos públicos que están facilitando que un desarrollo tecnológico pueda transformarse en un producto comercial. Esa infraestructura ya está disponible; el desafío ahora es fortalecer su coordinación y acelerar su ejecución.
Soy muy optimista respecto de lo que viene. Chile no solo exporta cobre, también está comenzando a desarrollar una industria de tecnología minera con capacidades propias. Es un cambio muy relevante que hace algunos años simplemente no existía y que abre una enorme oportunidad para el país.
Con un ecosistema de innovación minera más maduro, ¿qué rol debe asumir Minnovex para acelerar la incorporación de nuevas tecnologías en las faenas?
Minnovex siempre ha tenido como misión conectar a los proveedores tecnológicos con la industria minera y sus desafíos. Hoy esa conexión es más necesaria que nunca. La minería enfrenta procesos cada vez más complejos debido a factores como la disminución de las leyes del mineral y el aumento de los costos de producción, por lo que necesita soluciones altamente especializadas desarrolladas por empresas tecnológicas.
Las propias compañías mineras han entendido esa necesidad y hoy existen múltiples programas de innovación abierta impulsados por empresas como Codelco, Antofagasta Minerals, BHP e incluso operaciones de mediana minería, como San Gerónimo. Existe un esfuerzo concreto y una clara disposición por incorporar nuevas soluciones a las faenas.
La industria ha avanzado en pilotaje y validación tecnológica. ¿Dónde siguen estando las principales brechas para que esas soluciones lleguen efectivamente a operación industrial?
El ecosistema cuenta con Corfo, instituciones como Alta Ley, centros de pilotaje como CNP y Ciptemin, además de diversas universidades que apoyan el desarrollo y la validación tecnológica. Pero aún persiste un desafío importante: transformar esos pilotos exitosos en proyectos implementados a escala industrial.
Pilotear una tecnología no significa que esta llegue finalmente a una faena minera. Entre ambos procesos existen barreras de financiamiento, negociación comercial, cumplimiento regulatorio y escalamiento industrial. Esa es la etapa que debemos fortalecer.
Adicionalmente, existe un desafío importante de profesionalización. Cuando una empresa pasa desde un piloto hacia la escala industrial necesita incorporar talento, fortalecer su estructura y desarrollar nuevas capacidades operacionales. Muchas soluciones funcionan muy bien en pruebas controladas, pero escalarlas requiere organizaciones mucho más robustas.
En ese tránsito entre proveedor, piloto y contrato, ¿qué sello quiere imprimir en esta etapa de Minnovex?
Nuestro propósito como Minnovex es acompañar todo ese proceso. Primero conectar al desarrollador tecnológico con la empresa minera; luego transformar esa relación en un pilotaje y, finalmente, lograr que ese piloto termine convirtiéndose en un contrato. Ese es el gran propósito de Minnovex: que las tecnologías desarrolladas por el ecosistema realmente sean utilizadas por la minería.
Mi experiencia como emprendedor me ha permitido vivir todo ese proceso. He trabajado en transferencia tecnológica, llevando una solución desarrollada para la salmonicultura hacia la industria minera. Eso me permitió conocer las dificultades que enfrentan los emprendedores cuando intentan escalar una innovación. Por eso me gustaría impulsar una estrategia que permita que los pilotos incorporen desde el inicio una visión comercial, integrando ese análisis en los convenios con las compañías mineras.
Un momento para proveedores tecnológicos
¿Cómo evalúa el momento que vive hoy el ecosistema de proveedores tecnológicos para la minería?
Creo que estamos viviendo un momento trampolín para los proveedores tecnológicos. La industria minera cuenta con una arquitectura mucho más desarrollada y con una mayor disposición a incorporar soluciones innovadoras, lo que facilita la adopción de nuevas tecnologías. Es un momento ideal para entrar como proveedor tecnológico en la minería.
También existen muchas soluciones que han sido validadas en otras industrias y que hoy pueden adaptarse a la minería con una curva de incorporación mucho más rápida que hace cinco años.
Mi visión es muy positiva al respecto. Considero que este es un excelente momento para que las empresas tecnológicas miren a la minería como un mercado estratégico. Aunque es una industria exigente, con procesos rigurosos y altos estándares, también es un sector donde las soluciones que resuelven problemas reales pueden escalar con rapidez. Por eso creo que hoy existe una oportunidad real para quienes estén dispuestos a entender las necesidades de la industria y desarrollar soluciones que respondan a sus desafíos.
La minería enfrenta menores leyes de mineral, escasez hídrica, transición energética, sostenibilidad y altos estándares de seguridad. ¿Dónde visualiza las mayores oportunidades para los proveedores tecnológicos durante los próximos años?
Hay grandes áreas de oportunidades. La primera está relacionada con el aumento de la productividad y la recuperación de cobre. Todo lo que contribuya a mejorar la extracción seguirá siendo una prioridad para la industria, porque impacta directamente en los resultados del negocio. Hoy existe un importante desarrollo de soluciones orientadas a optimizar los procesos y aumentar la eficiencia de las operaciones.
La segunda tiene que ver con la digitalización, la automatización y la robótica. Es una tendencia transversal a todas las industrias y la minería no es la excepción. Existe un enorme potencial para transformar procesos que históricamente han dependido de la experiencia humana.
La tercera área corresponde a la seguridad operacional, que seguirá siendo uno de los principales desafíos de la minería. Hoy se están desarrollando múltiples soluciones enfocadas en prevenir riesgos, monitorear operaciones en tiempo real y generar condiciones de trabajo cada vez más seguras.
Finalmente, veo una gran oportunidad en la minería subterránea. Chile está avanzando progresivamente hacia este tipo de explotación y ese cambio traerá consigo una creciente demanda por tecnologías especializadas. Es un ámbito donde existe un amplio espacio para innovar y donde los proveedores tecnológicos podrán desempeñar un rol cada vez más relevante.
De la innovación a la experiencia empresarial
Desde la experiencia de Chucao Tech, ¿cómo fue el proceso para desarrollar una tecnología y llevarla hacia aplicaciones mineras?
Comenzamos desarrollando una solución basada en nano burbujas para resolver un problema ambiental en la salmonicultura. Mi socio, José Pablo Puga, ingeniero civil mecánico, ideó un innovador sistema de alta eficiencia y capaz de operar grandes volúmenes de fluidos.
Posteriormente, la solución se adaptó a sistemas de riego en la agricultura y, más tarde, evolucionó hacia aplicaciones industriales en la minería. Hoy se utiliza en procesos con pulpa mineral para mejorar la recuperación de metales y la eficiencia operacional. El mayor desafío fue escalarla para operar en ambientes altamente corrosivos y con millones de litros de procesamiento.
Para una empresa tecnológica, ingresar a la minería suele ser complejo. ¿Qué aprendizajes les permitió abrir camino en ese mercado?
Al comienzo conté con una ventaja importante porque había trabajado en una consultora minera dedicada al financiamiento de proyectos, lo que me permitió generar una buena red de contactos a nivel corporativo. Esas relaciones fueron clave para dar los primeros pasos.
Sin embargo, rápidamente entendí que el éxito dependía de identificar quién era realmente el cliente. Descubrí que debía hablar con el superintendente de planta, que es quien vive los problemas operacionales día a día y comprende en profundidad los desafíos técnicos.
Cuando enfocamos nuestra propuesta en resolver las necesidades concretas del cliente, las puertas comenzaron a abrirse mucho más rápido. Hablábamos el mismo lenguaje y compartíamos la misma visión del problema. Esa conexión fue determinante para generar confianza y acceder a las primeras oportunidades.
Además del desarrollo tecnológico, ¿qué otros factores son decisivos para que una innovación pueda escalar en minería?
El primero es encontrar un problema real antes de desarrollar una solución. El segundo es enfocarse en nichos específicos, porque eso facilita mucho la adopción tecnológica. Innovar no consiste únicamente en desarrollar una buena tecnología; el verdadero reto es lograr que funcione de manera confiable a escala industrial.
También aprendí la importancia de la flexibilidad. Muchas veces una innovación encuentra su mayor oportunidad en un mercado distinto al que originalmente imaginabas. Y finalmente, el emprendimiento requiere perseverancia. Es un proceso en el que un día todo parece avanzar y al siguiente aparecen enormes dificultades.
Pensando en los próximos cinco años, ¿qué decisión estratégica debería tomar la minería chilena para sostener su competitividad global?
La principal prioridad debe ser aumentar la eficiencia operacional, combinando tecnología, innovación y cambios culturales.
Chile tiene la oportunidad de dejar de ser únicamente un exportador de cobre y transformarse también en un exportador de tecnología minera. Para lograrlo, será fundamental seguir fortaleciendo la articulación entre los distintos actores del ecosistema y acelerar la transición desde el pilotaje hacia la comercialización efectiva de las soluciones tecnológicas.
Si consideramos que el país produce cerca de una cuarta parte del cobre mundial, el mercado local ofrece una escala suficiente para validar desarrollos de alto impacto antes de llevarlos al exterior. Por eso creo que Chile reúne hoy las condiciones para consolidarse no solo como líder en producción minera, sino también como un referente global en innovación y exportación de tecnologías para la minería.
El salto que definirá la innovación minera chilena
El ciclo que inicia Minnovex coincide con una etapa donde la minería chilena deberá resolver brechas cada vez más complejas en productividad, eficiencia hídrica, seguridad operacional, automatización y continuidad de procesos. En esa ruta, los proveedores tecnológicos no serán actores periféricos, sino parte de la capacidad real de la industria para adaptarse a operaciones más exigentes y competitivas.
La oportunidad para Chile está en convertir su experiencia minera en soluciones escalables, contratos industriales y conocimiento exportable. Si el país logra cerrar la distancia entre pilotaje, adopción tecnológica y comercialización, la minería nacional podrá proyectar una segunda frontera de valor: producir minerales críticos para el mundo y, al mismo tiempo, desarrollar las tecnologías que harán posible la minería del futuro.

