El Club de la Minería de APRIMIN abordó cómo geopolítica, permisos, licencia social y territorio están redefiniendo la competitividad del sector y el valor estratégico de sus empresas proveedoras
Tener minerales en el subsuelo ya no resulta suficiente para sostener el liderazgo de un país. La competencia por el cobre y otros recursos críticos también se juega en la capacidad de habilitar proyectos, relacionarse con los territorios, incorporar tecnología y construir una red de empresas capaz de responder a las nuevas exigencias de la industria.
Esa transformación estuvo en el centro del quinto capítulo de la temporada 2026 del Club de la Minería de APRIMIN, encuentro que reunió el análisis del académico y consultor Marcos Lima con las experiencias de Flesan Minería y Lamaignere Chile.
La jornada abordó una minería enfrentada a desafíos que exceden la operación. Las barreras territoriales, la permisología, la licencia social y las tensiones geopolíticas están condicionando la materialización de inversiones y modificando las ventajas competitivas de los países productores. En ese escenario, los proveedores dejan de ocupar una posición secundaria y pasan a formar parte de la estrategia con que Chile puede capturar mayor valor de su riqueza minera.
Una nueva mirada sobre la riqueza minera
Durante el bloque central, Marcos Lima, académico, consultor y socio de CiS Consultores, presentó la ponencia The new resource curse, o “La nueva maldición de los recursos”.
Su análisis retomó el concepto económico tradicional para trasladarlo al actual escenario de los minerales críticos y a las dinámicas entre potencias como Estados Unidos y China. Según planteó, los desafíos ya no responden únicamente a las fluctuaciones macroeconómicas o a la cantidad de reservas disponibles, sino también a la capacidad de transformar esas reservas en proyectos viables.
Las tensiones internacionales, la burocracia asociada a los permisos, las barreras territoriales y las exigencias de legitimidad social pueden limitar el desarrollo de una industria incluso cuando existe abundancia geológica. La riqueza permanece bajo tierra si el país no logra construir las condiciones institucionales, tecnológicas y territoriales necesarias para aprovecharla.
Frente a esa realidad, Lima situó al ecosistema proveedor como un componente decisivo para sostener la competitividad minera. El desafío no consiste solamente en extraer y exportar materias primas, sino en utilizar la actividad como plataforma para desarrollar conocimiento, tecnología, innovación y soluciones vinculadas con la sostenibilidad.
La propuesta supone ampliar el papel asignado tradicionalmente a las empresas proveedoras. Ya no se trataría únicamente de prestar servicios o responder a requerimientos puntuales de las faenas, sino de participar en la construcción de capacidades que puedan acompañar a la minería nacional y proyectarse hacia operaciones internacionales.
Potenciar este ecosistema permitiría que Chile participe tanto en el mercado de los minerales como en el de las tecnologías y servicios necesarios para producirlos. De esa manera, la ventaja minera podría transformarse en una plataforma exportadora de soluciones de mayor valor agregado.
Operación, seguridad y desarrollo de talento
El encuentro también permitió observar cómo esa discusión estratégica se traduce en capacidades empresariales concretas. Flesan Minería, representada por su gerente general, Michel Chait, presentó su propuesta de valor mediante una analogía con el fútbol. La exposición describió la estructura de su “equipo titular”, sus tácticas operacionales y los hitos alcanzados en rendimiento y seguridad.
La compañía destacó además sus estándares éticos y de fair play, junto con el trabajo de su “cantera”, orientada al desarrollo de jóvenes talentos y la formación de capital humano.
Esta dimensión adquiere especial importancia en una industria donde las tecnologías, los equipos y las exigencias de seguridad evolucionan rápidamente. La competitividad de los proveedores dependerá también de su capacidad para formar trabajadores preparados, adaptables y capaces de responder a proyectos de alta complejidad.
La formación de nuevas generaciones no aparece, por tanto, como una actividad separada de la estrategia empresarial. Es una condición para sostener operaciones, incorporar innovación y responder a las necesidades futuras de las compañías mineras.
Logística para una industria global
Por su parte, Lamaignere Chile, representada por su general manager, Boris Marin, expuso las soluciones logísticas integrales que la empresa ofrece en los mercados nacional e internacional.
La presentación revisó los hitos de la compañía en Chile, su participación en FIDAE 2026 y las posibilidades de colaboración entre la industria aeronáutica y la minería. Ambas actividades comparten exigencias relacionadas con trazabilidad, seguridad, coordinación internacional y transporte de componentes especializados.
Marin abordó también las contingencias globales que afectan a los importadores y el papel de la logística frente a las interrupciones de las cadenas de suministro. En una industria dependiente de equipos, repuestos y tecnologías provenientes de diferentes mercados, anticipar riesgos logísticos puede ser tan relevante como resolver un problema dentro de la faena.
Lamaignere destacó además sus avances en sostenibilidad, diversidad y liderazgo femenino, incorporando estos elementos dentro de una cadena de suministro sometida a mayores exigencias ambientales y sociales.
Proveedores como socios estratégicos
El encuentro concluyó con un espacio de conversación entre ejecutivos, reforzando el papel del Club de la Minería como instancia de articulación entre empresas proveedoras y actores del sector.
Las exposiciones mostraron que el futuro de la minería chilena no dependerá únicamente de nuevos yacimientos o mayores niveles de producción. También estará condicionado por la capacidad de resolver permisos, construir legitimidad territorial y desarrollar empresas que aporten innovación, talento, seguridad y continuidad operacional.
Los proveedores conocen los procesos, conviven con los problemas cotidianos de las faenas y poseen capacidades que pueden acelerar la incorporación de nuevas soluciones. Su aporte, sin embargo, será mayor si participan desde las etapas tempranas de los proyectos y no solamente cuando aparece una urgencia operacional.
Poner a los proveedores en el centro de la estrategia minera significa reconocer que una parte creciente del valor ya no se genera exclusivamente en el yacimiento, sino también en la tecnología, el conocimiento y los servicios que permiten explotarlo de manera más eficiente y sostenible.


