Por Felipe Gattass. Socio y especialista en práctica de Minería de Bain para Sudamérica
El reciente anuncio de BHP sobre proyectos solares y baterías en Escondida y Spence puede ser más que una noticia puntual. Marca el inicio de una nueva etapa para la minería en Chile y en la región andina.
La lógica es simple: las grandes faenas mineras están en zonas de altísima radiación solar, con demanda eléctrica intensiva y creciente. Al mismo tiempo, el costo de las baterías ha caído de forma acelerada durante la última década.
Según BloombergNEF, el precio promedio global de los packs de baterías de ion-litio llegó a los US$108/kWh en 2025, un mínimo histórico y 8% menos que en 2024 — y cerca de 36% más bajo que los registrados en 2022. La International Energy Agency (IEA), con datos de Bloomberg y BloombergNEF, muestra esa caída estructural en la serie 2015-2025.
Esta combinación cambia la ecuación. La minería ya no necesita pensar la energía solo como un contrato de suministro renovable a distancia. En muchas operaciones, puede empezar a integrar generación solar y almacenamiento en las cercanías del punto de consumo. Eso puede reducir costos, aumentar resiliencia operativa, disminuir exposición a congestión de transmisión y acelerar la descarbonización.
Para Chile, la oportunidad es especialmente relevante. El norte del país combina minería de escala mundial, uno de los mejores recursos solares del planeta y una red eléctrica que enfrentará crecientes exigencias de flexibilidad. Proyectos solares con baterías cerca de las faenas podría beneficiar no solo a las compañías mineras, sino también al sistema eléctrico: alivian presión sobre transmisión, reducen pérdidas y agregan capacidad flexible donde más se necesita.
La tesis también aplica para Perú y Argentina. Buena parte de la minería andina comparte condiciones similares: altitud, radiación solar, demanda energética intensiva y necesidad de nueva infraestructura. Si se ejecuta bien, el modelo de “solar más baterías en sitio” puede convertirse en una ventaja competitiva regional.
Y esto no es solo sostenibilidad. Es estrategia industrial. La transición energética aumentará la demanda por cobre, litio y otros minerales críticos. Pero también exigirá que esos minerales se produzcan con energía más limpia, segura y competitiva.
Nuestra cordillera puede ser más que una fuente de minerales para la transición energética y transformarse también en una plataforma de innovación energética para la minería del futuro en la región.
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