Estudio ACADES–Criteria 2026 revela una brecha entre percepción ciudadana y datos oficiales, mientras Cochilco proyecta que el agua de mar llegará a representar 67,6% del consumo hídrico minero hacia 2034
La minería chilena utiliza solo el 4% del agua continental del país, de acuerdo con cifras de la Dirección General de Aguas, pero una parte relevante de la ciudadanía sigue creyendo que es el principal consumidor de este recurso.
La brecha aparece en el estudio de percepciones ciudadanas ACADES–Criteria 2026, que muestra que tres de cada diez personas encuestadas atribuyen a la minería el mayor consumo de agua en Chile. Los datos oficiales, sin embargo, ubican al uso agropecuario con el 72% y al consumo humano con el 12%.
La diferencia entre percepción y evidencia se produce mientras la industria avanza en una transición hídrica marcada por mayor uso de agua de mar, recirculación, reúso y eficiencia operacional. El objetivo es reducir progresivamente la presión sobre fuentes continentales, especialmente en regiones afectadas por la escasez hídrica.
Brecha entre percepción y datos
El estudio de ACADES–Criteria revela que la ciudadanía valora soluciones como la desalación y la reutilización de aguas tratadas, pero también muestra importantes brechas de información. Un 22% cree que en Chile no existen plantas desaladoras y un 31% declara no saberlo, pese a que esta tecnología ya opera en distintas regiones del país.
Rafael Palacios, vicepresidente ejecutivo de la Asociación Chilena de Desalación y Reúso y adherente de Compromiso Minero, “la desalación de agua de mar no es ciencia ficción, sino una tecnología que funciona en nuestro país desde el año 2000 y que nos ha llevado a ocupar un lugar de vanguardia en la región”.
El ejecutivo agrega que Chile cuenta actualmente con 24 plantas desaladoras, que producen más de 14.000 litros por segundo de agua. Esa capacidad abastece a la minería, la agricultura, grandes centros urbanos y pequeñas comunidades rurales que requieren nuevas fuentes para sostener su operación y crecimiento.
El dato expone una paradoja para el sector minero. Mientras la industria reduce su dependencia de agua continental y aumenta el uso de fuentes alternativas, parte de la ciudadanía todavía la percibe como el actor dominante en el consumo hídrico del país.
Agua de mar gana peso en minería
La transición hídrica minera continuará profundizándose durante la próxima década. Según el estudio “Proyección de la Demanda de Agua en la Minería del Cobre 2025–2034” de Cochilco, el uso de agua de mar pasará de representar el 40,7% del consumo hídrico del sector a un 67,6% hacia 2034.
La misma proyección anticipa una baja relevante del uso de agua continental en regiones mineras afectadas por la escasez hídrica. Las disminuciones estimadas alcanzan un 62% en Tarapacá, un 50% en Antofagasta y un 83% en Coquimbo.
Este cambio tiene un impacto directo en la operación y en los territorios. Para las compañías mineras, el agua de mar permite dar mayor seguridad a sus procesos productivos. Para las regiones, reduce presión sobre fuentes continentales que también son demandadas por comunidades, agricultura, consumo humano y ecosistemas.
La tendencia no solo responde a exigencias ambientales. También está vinculada a la continuidad operacional de las faenas, a la seguridad del suministro y a la necesidad de adaptar la minería a un país donde el agua se ha convertido en un factor estratégico.
Regiones mineras y nuevas fuentes
Desde el norte del país, la discusión hídrica tiene un peso territorial mayor. Regiones como Tarapacá, Antofagasta, Atacama y Coquimbo enfrentan limitaciones estructurales de agua, lo que obliga a acelerar tecnologías como desalación, reúso y recirculación.
Juan José Ronsecco, presidente de CORPROA y adherente de Compromiso Minero, sostiene que el respaldo ciudadano a estas soluciones abre una oportunidad concreta. “Para una región donde el agua es un factor crítico, creemos que, además de la minería, los demás sectores productivos deben asumir un compromiso activo para incorporar estas tecnologías como parte central de su estrategia de operación y desarrollo”.
El dirigente gremial agrega que la incorporación de nuevas fuentes y sistemas de eficiencia hídrica no solo fortalece la continuidad de las actividades productivas, sino que también puede aportar a una mejor gestión territorial del recurso.
Juan José Ronsecco, presidente de CORPROA, “cuando la industria incorpora agua desalada, recirculación y reúso, no solo fortalece su propia continuidad operativa, sino que contribuye a liberar agua continental para usos prioritarios y a mejorar la resiliencia hídrica de la región”.
Gestión ambiental y biodiversidad
La transición hídrica también forma parte de una agenda ambiental más amplia. Empresas mineras como Teck destacan la importancia de una gestión basada en evidencia, con foco en protección de ecosistemas, conservación de biodiversidad y desempeño ambiental responsable.
Olga Sepúlveda, gerente de Medio Ambiente y Conservación Latam de Teck Resources Limited, “la gestión responsable del agua y del entorno natural es fundamental para una minería sostenible y para el futuro de los territorios donde operamos. Nuestra gestión ambiental se basa en dos pilares: asegurar un desempeño ambiental responsable y generar valor adicional para la conservación de la biodiversidad”.
La ejecutiva señala que la compañía trabaja bajo la jerarquía de mitigación, con acciones de evitación, minimización, rehabilitación, compensación y conservación. Al año 2030, la meta es que el impacto positivo de esas medidas supere la alteración terrestre generada por sus actividades mineras, tomando como referencia la línea base 2020.
La evidencia muestra que la minería chilena representa una fracción menor del uso de agua continental en Chile, pero también que enfrenta un desafío relevante de percepción. El avance hacia agua de mar, recirculación y reúso permite reducir presión sobre fuentes continentales, aunque la conversación pública todavía no siempre refleja esa transformación.
Para la industria, el reto no será solo construir más infraestructura hídrica. También deberá comunicar mejor los datos, transparentar sus avances y fortalecer una gestión territorial sostenible que permita sostener la producción minera sin profundizar la presión sobre un recurso cada vez más estratégico.

