Por Gerry Roldán, Service Product Manager de Endress+Hauser Chile
En el actual escenario de la industria chilena, la búsqueda de la eficiencia operativa ha dejado de ser una aspiración para convertirse en un imperativo de supervivencia. Sectores clave como la minería, la energía y el consumo masivo enfrentan presión constante por reducir costos y aumentar disponibilidad, mientras la sostenibilidad y la huella ambiental se posicionan como variables críticas en la toma de decisiones.
En este contexto, es común que las compañías centren sus esfuerzos en la adquisición de tecnologías de vanguardia. Sin embargo, la verdadera diferencia competitiva no reside solo en el equipamiento, sino en la estrategia de servicios que lo acompaña, y la gestión del ciclo de vida de los activos emerge como factor determinante de la productividad.
Tradicionalmente, el servicio se percibía como una reacción ante la falla: un técnico que acude a reparar un equipo detenido. Pero el paradigma ha cambiado. Hoy la gestión de servicios se entiende como un ecosistema integral que comienza antes de la instalación, y se extiende durante todo el ciclo de vida del activo como elemento central de la continuidad operacional.
El primer pilar de esta transformación es la ingeniería de proyectos. Un diseño e implementación inteligente, ya sea en plantas nuevas (greenfield) o en modernizaciones (brownfield), puede representar una reducción de hasta el 30% en tiempos y costos de ejecución.
La integración temprana de la ingeniería de servicios permite evitar sobredimensionamientos y optimizar la inversión, mientras una correcta selección de instrumentación asegura una puesta en marcha eficiente y mayor disponibilidad operativa.
En segundo lugar, debemos hablar del mantenimiento preventivo y la calibración como ejes de la continuidad operacional. Una gestión optimizada en este ámbito puede reducir drásticamente las no conformidades anuales, en algunos casos hasta en un 90%.
El mantenimiento deja de ser una tarea correctiva para convertirse en una herramienta estratégica basada en datos, y la transformación de información de sensores en decisiones operativas fortalece la seguridad y el desempeño ambiental.
Finalmente, el soporte a través de la digitalización ha derribado las barreras geográficas. En un país con la geografía de Chile, contar con asistencia técnica remota o “Smart Support” permite resolver incidencias en tiempo real, reduciendo los costes logísticos y tiempos de respuesta de días a minutos.
La incorporación de herramientas IIoT permite monitorear activos en tiempo real y anticipar fallas, mientras la colaboración remota conecta expertos con operaciones en terreno de forma instantánea.
En conclusión, el rol de proveedor de tecnología debe evolucionar hacia el de socio estratégico de servicios. El éxito de la industria 4.0 dependerá de la capacidad de gestionar activos con visión integral, y la convergencia entre ingeniería, mantenimiento y soporte digital es donde se genera la verdadera rentabilidad.
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