Por Margarita Ducci, Directora Ejecutiva Pacto Global Chile, ONU
La nueva realidad climática nos llama a repensar lo que hemos construido y lo que queremos construir. Ante un escenario donde sequías prolongadas, olas de calor extremas, escasez hídrica y fenómenos ambientales sin precedentes se han convertido en parte de nuestra cotidianidad, el mundo de la educación, y en particular la educación ambiental, se transforma en un objetivo esencial y urgente.
No se trata de enseñar sobre la naturaleza, sino de sensibilizar sobre su valor, y así formar ciudadanos convencidos de la necesidad de actuar, comprender, transformar y regenerar.
La crisis climática no es un concepto abstracto. Tiene rostro. Según estudio de la UNICEF, el 83% de los niños, niñas y adolescentes que viven en Chile están expuestos a la escasez hídrica, el 79% a olas de calor extrema, el 59% a contaminación del aire y el 54% a contaminación del suelo y el agua. Estos datos reflejan la dimensión del desafío climático que enfrenta el país, y evidencian cómo la crisis ambiental afecta los derechos fundamentales de las nuevas generaciones.
Urge entonces generar entre todos un cambio cultural en materia medioambiental donde la protección y el cuidado del entorno sean relevantes desde la primera infancia. La educación ambiental no puede ser un complemento opcional, sino una columna transversal en todos los niveles educativos y una política pública prioritaria.
A nivel curricular, el Ministerio de Educación ha incorporado de manera progresiva contenidos de sostenibilidad y cambio climático, pero la integración aún es desigual y limitada, especialmente cuando solo el 0,5% del presupuesto nacional para infancia, se destina a educación ambiental.
Sabemos que sensibilizar, educar y promover acciones, incluso pequeñas, puede generar conciencia y compromiso desde las aulas, pero también más allá de ellas, en nuestros hogares y comunidades. Las iniciativas de aprendizaje experiencial y las organizaciones ambientales representan oportunidades para fortalecer la conciencia climática, potenciando además la capacidad de acción frente a desafíos locales y globales. Esto, porque lo que sucede en un rincón del mundo, por aislado y distante que sea, inevitablemente nos afectará.
La educación ambiental es una herramienta indispensable para que todas las personas reflexionen sobre el trato respetuoso que le debemos a la naturaleza, nuestra biodiversidad y nuestros ecosistemas. No se trata de conservar lo que queda, sino de reconstruir y regenerar lo que hemos perdido. En Chile, el compromiso ambiental también se expresa en acciones concretas, como la certificación de establecimientos educativos en sustentabilidad, los espacios educativos sobre el ciclo del agua y reciclaje, y el trabajo de empresas que impulsan mejoras ambientales en sus territorios.
El cambio cultural necesario sólo será posible si empoderamos a cada persona como agente de transformación, y que nuestra sociedad en su conjunto reconozca que la educación ambiental es una inversión en resiliencia, justicia y desarrollo sostenible.
Empoderar a cada persona como agente de transformación es clave para enfrentar la crisis climática, porque el planeta que heredarán las futuras generaciones depende de las decisiones que tomemos hoy.
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