La estatal alcanzó el segundo lugar entre nueve compañías mineras evaluadas por el IISE 2026, medición que analizó más de 2.000 programas sociales. Empleo y proveedores locales aparecen ahora entre los principales desafíos para profundizar su aporte territorial
El impacto de una compañía minera comienza a evaluarse cada vez más allá de sus niveles de producción, inversión o empleo directo. Codelco alcanzó el segundo lugar entre nueve empresas mineras consideradas por el Índice de Impacto Social Empresarial 2026, posicionándose entre las compañías del sector con mejor desempeño en iniciativas sociales y comunitarias.
La medición fue desarrollada por BSponsor junto a la Universidad del Desarrollo, PwC Chile y El Mercurio, y consideró 95 empresas pertenecientes a 18 industrias, además de más de 2.000 programas sociales. El análisis contempla 21 dimensiones de impacto, entre ellas educación, salud, innovación y sustentabilidad, buscando comparar no solamente cuánto hacen las empresas, sino también el alcance de esas intervenciones.
El resultado profundiza una discusión que la industria viene enfrentando respecto de la medición del impacto social de la minería. El desafío ya no está únicamente en contabilizar programas o recursos destinados a las comunidades, sino en determinar si esas acciones responden a brechas territoriales concretas y generan cambios capaces de sostenerse en el tiempo.
Una estrategia que pone al territorio en el centro
La gerente de Gestión Social de Codelco, Claudia Sandoval, atribuyó el resultado a un proceso que la estatal viene desarrollando durante los últimos años para integrar la dimensión social a su forma de operar y relacionarse con las comunidades.
“Si a nosotros nos va bien, a las comunidades también les tiene que ir bien”, afirmó la ejecutiva. La estrategia se sostiene actualmente sobre tres ámbitos: Desarrollo Territorial con Valor Social, Pueblos Indígenas y Derechos Humanos, entendidos por la compañía como componentes de una minería sostenible y no solamente como exigencias externas al negocio.
Esa orientación ha comenzado a adquirir expresiones concretas en zonas de fuerte presencia minera. En la Región de Antofagasta, Codelco presentó durante 2026 una cartera de proyectos territoriales en Calama vinculada a calidad de vida, infraestructura, agua, formación, empleo y proveedores locales, conectando su actividad productiva con algunos de los principales desafíos sociales y económicos de la provincia de El Loa.
El peso de la minería en esta materia es particularmente visible en el norte. José Luis Tapia, gerente general de BSponsor, señaló que casi el 90% del impacto generado por las empresas en esa macrozona proviene de compañías mineras, lo que refleja la influencia que mantiene el sector sobre las economías y comunidades asentadas alrededor de sus operaciones.
Empleo y proveedores marcan la próxima brecha
El segundo lugar obtenido por Codelco no implica que la tarea esté resuelta. La propia estatal identifica el empleo territorial y las compras a proveedores locales entre los principales ámbitos donde necesita profundizar su desempeño, buscando que una mayor proporción del valor generado por sus operaciones permanezca en las regiones mineras.
En Calama, una de esas líneas ya opera a través del Centro de Colaboración para el Empleo y Proveedores Locales. Durante una rueda de negocios realizada con empresas colaboradoras y emprendedores de El Loa se concretaron 108 reuniones entre nueve compañías y 35 proveedores locales, como parte de una estrategia que busca ampliar su incorporación a la cadena de valor.
La experiencia también permite observar dónde estará una parte importante de la discusión futura. El impacto territorial de la minería dependerá cada vez menos de la cantidad de iniciativas ejecutadas y más de los resultados que estas sean capaces de producir, especialmente en formación, empleabilidad, desarrollo empresarial, infraestructura y generación de capacidades económicas permanentes.
El segundo puesto de Codelco constituye así un reconocimiento a una estrategia que ha ganado espacio dentro de la estatal, pero también eleva la exigencia. La siguiente etapa será demostrar que esa gestión social puede convertirse en oportunidades concretas y medibles para las comunidades, especialmente allí donde la minería constituye el principal motor económico y productivo.

