La cartera de inversión, concentrada íntegramente en proyectos brownfield, prioriza ampliaciones subterráneas, desarrollos a rajo abierto, iniciativas mixtas e infraestructura hídrica, consolidando la continuidad operacional y la modernización de faenas activas como eje estratégico de las empresas asociadas al gremio.
La inversión en minería sigue moviéndose desde el interior de las faenas. Las empresas socias del Consejo Minero mantienen una cartera que alcanza US$31.454 millones, concentrada completamente en proyectos brownfield, es decir, en la expansión, adaptación y modernización de operaciones ya existentes.
Este enfoque evidencia una decisión estratégica: consolidar capacidad productiva, sostener niveles de extracción y optimizar infraestructura instalada. Del total comprometido, el 60% corresponde a Codelco, mientras que el 40% restante pertenece a compañías privadas que integran el gremio.
Según los antecedentes del Consejo Minero, el 96% de la inversión está directamente vinculada a la producción de cobre, reafirmando el rol estructural del mineral en la economía nacional. En cuanto a tipología, el 34% de los proyectos corresponde a ampliaciones subterráneas, el 32% a desarrollos a rajo abierto y el 30% a iniciativas mixtas.
Continuidad operacional como eje estratégico
Dentro de la cartera de las empresas socias, el mayor monto individual lo concentra el Plan de Desarrollo de El Teniente, con US$6.254 millones, seguido por Chuquicamata Subterráneo, con US$4.429 millones. Ambos proyectos forman parte de la transformación de grandes yacimientos hacia esquemas de minería subterránea, reforzando la continuidad de operaciones históricas.
En el ámbito privado, destaca Nueva Centinela, de Antofagasta Minerals, con US$4.400 millones, junto a la Adaptación Operacional de Los Pelambres, con US$2.000 millones. Estas iniciativas apuntan a aumentar capacidad, mejorar eficiencia y modernizar procesos en faenas activas.
Infraestructura hídrica y aumento de capacidad productiva
La cartera considera también infraestructura crítica. Entre ellas, la planta desalinizadora del Plan C20+ de Collahuasi, con una inversión de US$2.000 millones, junto al aumento de capacidad productiva por US$1.000 millones en la Región de Tarapacá.
Estos proyectos reflejan una minería que no se detiene, sino que se adapta, se expande y se moderniza desde sus propias operaciones, integrando desarrollos subterráneos, ampliaciones de rajo y soluciones mixtas para sostener competitividad.
La magnitud de la inversión proyectada por las empresas socias del Consejo Minero consolida una hoja de ruta centrada en la continuidad operacional, la eficiencia y la proyección del cobre chileno en los mercados internacionales.

