Un proceso largo y exigente permitió que mujeres sin experiencia previa ingresaran a faena y se proyecten laboralmente, en una industria donde la inclusión femenina avanza, pero sigue lejos de convertirse en norma.
La escena se repite cada vez con más fuerza en la minería chilena, aunque todavía no es la norma: mujeres formándose, certificándose y proyectándose laboralmente en faena. Eso fue lo que quedó en evidencia con el egreso de 26 mujeres del Programa Aprendices 2025 de la División Radomiro Tomic, una iniciativa que comienza a mostrar resultados concretos de la política de género impulsada por Codelco.
La ceremonia, realizada en el Barrio Cívico de Calama y acompañada por familiares, instructores y equipos de la división, marcó el cierre de un proceso iniciado hace más de un año y medio por 60 mujeres provenientes de distintas regiones del país. Muchas de ellas llegaron sin experiencia previa en minería; 26 lograron completar un camino exigente que hoy las posiciona como futuras operadoras del sector.
Más allá del acto simbólico, el egreso reflejó un cambio silencioso pero persistente en una industria históricamente masculinizada, donde las políticas de inclusión comienzan a medirse no solo en metas, sino en trayectorias laborales reales.
En esa línea, el gerente de Operaciones (i) de Radomiro Tomic, Manuel Acuña, subrayó el valor humano del proceso. “Estamos muy contentos de haber culminado este proceso con 26 aprendices. Son mujeres de mucho esfuerzo, con sueños personales claros, y como división hemos sido el vehículo para que esos sueños empiecen a cumplirse. Que hoy quieran proyectar su futuro laboral en Radomiro Tomic es motivo de orgullo”, señaló.
Aprender minería desde cero
Para las propias egresadas, el programa significó romper barreras culturales y técnicas al mismo tiempo. La formación combinó capacitación teórica, práctica en terreno y acompañamiento permanente, con un estándar más extenso y exigente que versiones anteriores.
Así lo relató Camila Vega, una de las aprendices egresadas, quien destacó el impacto del proceso en su desarrollo personal y profesional. “Ha sido una experiencia muy gratificante. Varias llegamos sin experiencia en minería y acá aprendimos muchas cosas nuevas. Logramos el objetivo de formarnos como operadoras y, en la mayoría de los casos, queremos seguir trabajando aquí, porque este lugar se ha convertido en nuestra cuna laboral”, afirmó.
Un estándar más largo y más exigente
Desde la gestión de personas, el foco estuvo puesto en elevar el nivel formativo y reforzar la seguridad como eje central. Pablo Orellana, gerente (i) de Gestión de Personas, explicó que el programa fue ajustado para responder mejor a las exigencias de la operación minera. “Este es un programa emblemático dentro de nuestros procesos de atracción temprana. Se redoblaron las horas de formación y se puso un énfasis muy fuerte en seguridad, entendiendo que es la base para que las aprendices puedan desempeñarse con confianza y proyección en faena”, indicó.
Acompañar para que la inclusión sea sostenible
El proceso contó con el apoyo de ocho instructores y más de 30 tutores, una red clave para sostener la incorporación femenina en áreas donde su presencia sigue siendo minoritaria. Para los equipos formadores, el desafío también implicó adaptar metodologías y formas de acompañamiento.
“Fue la primera vez que se incorporaron aprendices en el área, y eso significó aprender todos juntos. Muchas de ellas no tenían experiencia en minería y nuestro rol fue transmitir conocimientos y orientarlas de la mejor manera posible”, comentó Carlos Ovando, instructor de Equipos Planta.
Una visión similar compartió Marcos Marín, instructor Mina, quien destacó el compromiso del grupo durante todo el proceso. “Es la primera vez que se realiza un programa tan largo y exigente. Ellas estuvieron siempre muy comprometidas y motivadas. Ver cómo llegaron y cómo se van hoy, formadas como operadoras, es muy gratificante”, sostuvo.
Más mujeres, un cambio que avanza
El egreso de estas 26 mujeres no resuelve por sí solo la brecha de género en la minería, pero sí marca una señal clara: cuando las políticas de inclusión se sostienen en formación, acompañamiento y estándares exigentes, los resultados comienzan a verse en terreno.
El Programa Aprendices continuará durante 2026 con una versión renovada, manteniendo la seguridad como prioridad y el desafío de fondo intacto: que las mujeres dejen de ser una excepción en la minería y pasen a ser parte habitual de sus operaciones.


