La transición energética ya no es una promesa, sino una realidad en curso, según declaró António Guterres, Secretario General de la ONU, durante un discurso climático respaldado por un informe conjunto del FMI, el Banco Mundial y la Agencia Internacional de Energías Renovables.
La inversión global en energías limpias superó los dos billones de dólares en 2024, sobrepasando por primera vez el gasto en combustibles fósiles, mientras que la generación eléctrica a partir de fuentes renovables se posiciona como la más económica a nivel mundial.
Avances globales, retrocesos regionales
“El futuro de la energía limpia ha dejado de ser una promesa y ya es un hecho”, aseguró Guterres, subrayando que el 10% del crecimiento del PIB mundial en el último año fue impulsado por las energías renovables. Casos como China, donde el 25% del crecimiento proviene del sector, y la Unión Europea, con un tercio de avance atribuido a estas fuentes, refuerzan esta afirmación.
Las energías renovables ya generan casi un tercio de la electricidad global. El costo de producción también ha caído: en 2024, la electricidad solar fue un 41% más barata que la planta fósil más económica y la energía eólica terrestre un 53% más baja. Paralelamente, las ventas de vehículos eléctricos crecieron un 3300% entre 2015 y 2024, superando los 17 millones de unidades, el 20% del mercado total.
“Este avance es irreversible por tres razones: su rentabilidad, su papel en la seguridad energética y su capacidad para ofrecer acceso universal”, señaló el líder de Naciones Unidas.
La urgencia de una transición justa
A pesar de estos progresos, la transición energética global no está avanzando con la equidad ni la velocidad necesarias. África concentra apenas el 1,5% de la capacidad renovable instalada, a pesar de tener el 60% del potencial solar del planeta. A nivel global, el 41% de la capacidad se concentra en China, 39% en países OCDE, y casi la mitad del resto en India y Brasil.
“Sin justicia social, la transición será una fuente de nuevas desigualdades”, advirtió Guterres. Por ello, presentó seis áreas prioritarias: planes climáticos más ambiciosos, sistemas energéticos modernos, cobertura renovable de la demanda, inclusión social, comercio justo e inversión en países en desarrollo.
La meta es multiplicar entre cinco y siete veces la inversión anual en energías limpias en economías emergentes antes de 2030, alcanzando los dos billones de dólares en 2035. Ello requerirá reformar el sistema financiero internacional y reducir los costos del capital.
Actualmente, más de 3000 GW de proyectos renovables esperan conexión a la red, revelando un retraso estructural en la adecuación de las infraestructuras eléctricas globales.
Punto de no retorno
La ONU advierte que la dependencia de los combustibles fósiles sigue siendo alta. Aunque su participación en la matriz cayó del 83% en 2015 al 80% en 2024, los subsidios siguen siendo cuantiosos. “Los lobbies fósiles intentan frenar este cambio, pero ya superamos el punto de no retorno”, afirmó con convicción Guterres.
“Este es el momento. Tenemos las herramientas. Ahora debemos usarlas con decisión y equidad”, concluyó el Secretario General de la ONU, llamando a gobiernos, empresas y organismos multilaterales a asumir su rol en la consolidación de un sistema energético limpio, seguro y justo para todos.


