El vicepresidente de Asuntos Corporativos y Sustentabilidad de Anglo American en Chile aborda la meta de superar seis millones de toneladas de cobre, el acuerdo con Codelco, productividad, tecnología, agua y el nuevo rol de las relaciones comunitarias
Por Sandra Guijarro Vilela
Chile tiene recursos, experiencia y capacidades para seguir siendo protagonista de la minería mundial, pero el desafío ya no pasa únicamente por disponer de grandes yacimientos. Elevar la productividad, agilizar los permisos, incorporar tecnología y construir relaciones de largo plazo con los territorios aparecen como condiciones cada vez más determinantes para aprovechar el nuevo ciclo de demanda por minerales críticos.
Juan Pablo Schaeffer, vicepresidente de Asuntos Corporativos y Sustentabilidad de Anglo American en Chile, plantea que avanzar en esa dirección requiere mantener los estándares socioambientales y, al mismo tiempo, articular a empresas, trabajadores, sindicatos y proveedores. El objetivo, sostiene, es que el país pueda volver a superar una producción de seis millones de toneladas de cobre en los próximos años.
En entrevista con Territorio Minero, el ejecutivo también aborda el Plan Minero Conjunto que Anglo American desarrolla con Codelco en el distrito Andina-Los Bronces, la incorporación de inteligencia artificial y automatización, los desafíos hídricos de la minería y la transformación que han experimentado las relaciones comunitarias durante las últimas dos décadas.
Con más de 20 años de trayectoria en sostenibilidad, relaciones comunitarias y mediación de conflictos, Schaeffer ha observado desde dentro un cambio profundo: áreas que alguna vez fueron consideradas periféricas pasaron a integrarse directamente a la estrategia y a la viabilidad de los proyectos mineros.
Chile en la década del cobre: permisos, productividad y colaboración
¿Qué debe hacer Chile para mejorar su competitividad y aprovechar la oportunidad que existe por la demanda global de cobre y minerales críticos?
Estamos en la senda correcta. Chile tiene historia minera, talento especializado, experiencia y grandes recursos, aunque algunos son más antiguos, con menores leyes y minerales más duros, lo que plantea nuevos desafíos.
Tenemos que mejorar la eficiencia de los permisos sin bajar los estándares socioambientales. El gobierno anterior avanzó en la tramitación de permisos sectoriales y el actual ha dado continuidad a ese trabajo, tanto en materia sectorial como ambiental.
También debemos mejorar la productividad, y para eso el trabajo con Aprimin y los proveedores es fundamental. Los diagnósticos están claros y se están tomando decisiones para que Chile dé el salto necesario y mantenga su liderazgo mundial en cobre y litio. Incluso hay proyectos de tierras raras en desarrollo. El éxito depende de nosotros.
¿Cómo ve el desempeño del gobierno respecto de la industria minera?
En minería hay tendencias permanentes. Los distintos gobiernos han apoyado a la industria para proveer minerales críticos frente a la crisis climática. Lo clave es hacer más eficiente el proceso de permisos sin bajar estándares, hacer las cosas bien y sumar a los trabajadores.
Debemos seguir trabajando con el mundo sindical, los trabajadores y los proveedores para llegar a producir más de seis millones de toneladas en los próximos años. Chile ha aprendido que debemos trabajar de la mano entre todos los actores para seguir siendo exitosos.
¿Qué ha significado para Anglo American el acuerdo con Codelco?
Para nosotros ha sido súper importante. Cuando lo anunciamos hablábamos de un beneficio adicional de US$5.000 millones, buena parte del cual lo recibirá el país.
Fuimos desarrollando por etapas el Plan Minero Conjunto en el distrito Andina-Los Bronces hasta suscribir el acuerdo final en junio de este año. Está en implementación y hemos trabajado muy bien con Codelco. Es un beneficio para Anglo American, Codelco y el país.
Recientemente tuvimos el cierre de la primera etapa y ya estamos preparando dos estudios de impacto ambiental en paralelo: el de Codelco y el de Anglo American. Los presentaríamos, si todo va bien, hacia fines de año.
¿Ha sido exitoso, entonces?
Estamos muy contentos, especialmente por el valor que el Plan Minero Conjunto va a generar para el país.
Tecnología, agua y sostenibilidad
¿Qué impacto tendrá la innovación tecnológica y la inteligencia artificial en la minería?
En Anglo American, la innovación es uno de los ejes centrales del negocio. Un ejemplo en Chile es que hoy podemos operar Los Bronces desde el piso 48 de un edificio en Las Condes, a 65 kilómetros de distancia, con camiones autónomos y palas teleoperadas.
Esto ha contribuido a mejorar la calidad de vida de quienes trabajan en este centro, además de agregar precisión y predictibilidad al proceso. Hay mucha tecnología en la industria que no siempre se ve y que demuestra cuánto hemos evolucionado.
La inteligencia artificial también está cambiando la forma en que trabajamos y nos relacionamos. La veo más como una oportunidad que como una amenaza: debemos utilizarla inteligentemente para hacer una minería más eficiente y competitiva. La IA está nivelando el acceso al conocimiento; la diferencia estará en cómo sepamos utilizarlo.
¿Qué soluciones están impulsando en materia de agua?
La minería produce minerales críticos para enfrentar la crisis climática, pero debe hacerlo de manera sostenible y generando valor para las comunidades.
En Los Bronces no utilizaremos agua fresca para el proceso minero a partir de 2030. Tenemos un acuerdo con Aguas Pacífico, que está desarrollando una planta desalinizadora multipropósito en la Región de Valparaíso para que nos provea 500 litros por segundo. Como parte de esa iniciativa, nos comprometimos a entregar 25 litros por segundo para Tiltil y Colina, destinados a servicios sanitarios rurales.
También estamos fortaleciendo el reúso de agua de proceso, que en nuestras operaciones supera el 90%, con foco en priorizar fuentes que no compitan con el consumo humano.
Con el programa Agua Rural entregamos telemetría a más de 80 servicios sanitarios rurales para monitorear el agua y optimizar su uso, y estamos desarrollando una plataforma junto al Ministerio de Obras Públicas para que este modelo pueda replicarse en otras partes del país.
¿Y en descarbonización y biodiversidad?
Tenemos la ambición de alcanzar la carbono neutralidad en 2040. Avanzamos especialmente en Alcance 2, con 100% de energía renovable desde 2021, y estamos trabajando en la reducción de nuestra huella de Alcance 3 junto con los proveedores. También trabajamos en Alcance 1.
Desarrollamos en Sudáfrica el primer camión a hidrógeno verde del mundo. También tenemos un compromiso de impacto positivo en naturaleza.
Nuestro Santuario de la Naturaleza Los Nogales, en Lo Barnechea, es una de las áreas privadas de conservación más importantes de la Región Metropolitana. Tenemos iniciativas en El Soldado y Chagres, además de nuestro jardín botánico Parque Quilapilún, en Colina, donde se conservan especies y se desarrolla educación ambiental. Todo esto forma parte del negocio y de la generación de valor.
¿Cuáles son hoy las prioridades estratégicas y cómo ha evolucionado la mirada hacia la sustentabilidad en la compañía?
El año pasado refrescamos la estrategia global de sostenibilidad corporativa, que tiene tres pilares. El primero es Ser un Socio Corporativo Confiable, que considera seguridad, transparencia y certificaciones; luego está Medio Ambiente Saludable, con cambio climático, naturaleza y agua; y finalmente Comunidades Prósperas, con educación, desarrollo local y salud.
Ha habido una alta participación de las operaciones, unidades de negocio y países para incorporar las realidades locales. También hemos ido ajustando metas y desarrollando iniciativas como el modelo educativo Pionero, el programa Agua Rural, Emerge y EmpleaT, el Foro Nacional de Sustentabilidad y la Cuenta Pública, entre otras. La sustentabilidad está cada vez más integrada al negocio y al trabajo mediante alianzas público-privadas.
De “área hippie” a función estratégica
Juan Pablo Schaeffer sitúa el inicio de su trayectoria en sostenibilidad y relaciones comunitarias a mediados de la década de 2000, cuando era gerente legal de la Unidad de Negocios Cobre en Noranda-Falconbridge. En aquella época, recuerda, el área de comunidades apenas existía como una función formal dentro de las compañías mineras.
Su incorporación comenzó casi accidentalmente. Su jefe le planteó entonces: “Bueno, usted que es abogado, ¿por qué no se hace cargo de los temas de medioambiente, de las relaciones con las comunidades y de las relaciones con el gobierno?”.
“Éramos uno o dos profesionales en el equipo los que empezamos a desarrollar y a aprender juntos, pero fue bonito porque fuimos armando esta área desde cero”, recuerda. Posteriormente viajó a Australia y se especializó en relaciones comunitarias y mediación de conflictos.
¿Cómo fue esa experiencia?
Mirando hacia atrás, estas dos décadas han sido un gran proceso de aprendizaje. También trabajé en la industria energética y tuve experiencias en el mundo diplomático fuera de Chile, vinculadas a la negociación y resolución de conflictos.
Las relaciones comunitarias requieren mucha empatía y entender las preocupaciones e intereses legítimos de las partes. Empresa y comunidad pueden construir una historia común, un “nosotros”. No se trata de imponer posiciones, sino de identificar intereses compartidos y generar acuerdos.
Cuando vuelve a Chile, asume la Gerencia de Sustentabilidad de Codelco y luego una inédita Vicepresidencia de Asuntos Corporativos y Sustentabilidad. ¿Cómo fue construir desde la base la arquitectura de sostenibilidad de la Corporación?
Partimos desde cero. Había que diagnosticar dónde estábamos y hacia dónde queríamos ir, y definir propósito, valores, políticas, procedimientos y estándares.
Durante más de 14 años también he hecho clases de relaciones comunitarias y trabajado en prevención y resolución de conflictos socioambientales. Ha sido un camino muy enriquecedor, aunque los desafíos persisten porque las personas tienen distintas visiones.
Usted ha destacado la influencia de Tony Kelly, experto australiano en diálogo con las comunidades. ¿Qué rescata de su mirada sobre el rol de los equipos de relaciones comunitarias?
Tuve la suerte de tener como profesores a Tony Kelly y Pam Bourke, su discípula. Kelly trabajó en Oxfam y, después de una experiencia con BHP, desarrolló toda una metodología de relacionamiento con comunidades y diálogo.
Kelly dictó varios cursos en Codelco y la idea central que planteaba es que los equipos de relaciones comunitarias deben ser puentes: llevar la voz de la comunidad a la empresa y la de la empresa a la comunidad.
No basta con mitigar o compensar impactos. También hay que generar valor para que las comunidades perciban que están mejor con el proyecto que sin él.
En ese momento era algo muy de vanguardia. ¿Cómo se hacían las relaciones con la comunidad?
Antiguamente era el tipo simpático, bueno para la parrilla y para contar historias. Se valoraban mucho las habilidades sociales, pero no había una metodología clara. Personas de distintas áreas llegaban a relaciones comunitarias sin formación específica. No había una mirada de largo plazo.
¿Qué cambió en estos 20 años?
Ha habido una gran evolución metodológica. Gremios como el ICMM desarrollaron herramientas para las relaciones comunitarias y otras organizaciones también han construido metodologías y estándares, mientras los equipos se han profesionalizado y capacitado. Hoy esta función cuenta con estructura y métricas.
Ese proceso ha sido clave para que las relaciones comunitarias hablen el mismo idioma que el resto de la organización. Durante mucho tiempo el resto de la compañía miraba esta función como “el área hippie”, pero hoy es un rol estratégico integrado al negocio.
Otro avance fundamental es levantar alertas tempranas. La participación ciudadana temprana permite conocer las preocupaciones de la comunidad y transmitirlas a la empresa para que los ingenieros puedan ajustar los proyectos antes de su evaluación ambiental.
¿Cómo se construye una relación legítima con una comunidad donde llega un proyecto minero?
La clave está en cómo se inicia y se mantiene la relación. Hay que ser transparentes desde el principio, informar en qué etapa está el proyecto y conocer las preocupaciones, intereses y expectativas de la comunidad.
Si el proyecto avanza, hay que explicar sus beneficios y su aporte al territorio. El diálogo permite identificar preocupaciones y corregir brechas.
¿Qué debe hacer una empresa cuando la comunidad dice simplemente que no quiere actividad minera?
La empresa tiene que estar disponible para recibir un “no”, porque esa posición es válida. Por eso es fundamental preparar bien los proyectos y mantener un diálogo serio, temprano y permanente.
La minería tiene una gran capacidad para contribuir al desarrollo y transformar la vida de las personas en los territorios, pero eso requiere construir confianza y demostrar con hechos que el proyecto genera valor.
No se puede pretender satisfacer a todos. Habrá detractores, organizaciones sociales y ONG que cuestionarán el proyecto, y eso forma parte de la participación. Lo importante es escuchar y abordar las diferencias con transparencia; de lo contrario, habrá mayores dificultades para desarrollar el proyecto.
En el relacionamiento comunitario hubo un salto desde la filantropía hacia la creación de valor. Sin embargo, muchas veces las comunidades buscan directamente recursos económicos. ¿Cómo se abordan esos casos?
Los modelos antiguos fueron muchas veces transaccionales y cambiar esa lógica es complejo. Hay que demostrar que el diálogo, el trabajo conjunto y una mirada de largo plazo pueden generar mucho más valor.
La lógica transaccional no funciona: hoy se entrega una cantidad, mañana serán dos, tres o cuatro. La participación debe tener una visión territorial compartida y de largo plazo, donde la empresa sea un actor más y no el único responsable.
También hay que fortalecer al Estado, los gobiernos locales y la sociedad civil para articular esfuerzos y mejorar el bienestar del territorio. Las empresas mineras están avanzando en esa dirección, construyendo visiones de futuro en conjunto.
¿Cómo ha evolucionado la relación de Anglo American con las comunidades?
Anglo American tiene una visión pionera del desempeño social. El SEAT evolucionó hacia el Anglo American Social Way y todo se articula en torno al propósito de “re-imaginar la minería para mejorar la vida de las personas”. Llevo casi cuatro años en la compañía y veo un compromiso permanente por aprender, corregir errores y avanzar.
En Chile operamos en las regiones Metropolitana y de Valparaíso, con cerca de 10 millones de habitantes en conjunto y múltiples actores, por lo que el desafío requiere diálogo, mesas de trabajo y una visión de futuro.
Las relaciones comunitarias requieren convicción y metodología, pero sobre todo mucho corazón, diálogo, cariño y dedicación.
Entonces, no era tan lejano decir que eran “los hippies” de la empresa.
No, no lo era (ríe).

