El director ejecutivo de UDD Ventures aborda las barreras que enfrentan startups y proveedores tecnológicos para escalar soluciones mineras y plantea que Chile necesita más inversión, acompañamiento y conexiones internacionales para transformar conocimiento especializado en empresas exportadoras
Chile tiene minería de clase mundial, conocimiento acumulado durante décadas y un ecosistema creciente de startups y proveedores capaces de desarrollar soluciones para problemas reales de la industria. Sin embargo, entre una tecnología que funciona en una faena y una empresa capaz de llevarla a otros mercados todavía existe una distancia importante.
Para Ángel Morales, director ejecutivo de UDD Ventures, el país dispone del conocimiento y de una capacidad instalada relevante. El desafío comienza cuando esas soluciones deben validarse, encontrar inversión, escalar y llegar a operaciones fuera de Chile.
La inteligencia artificial puede acelerar ese proceso. Predicción de variables productivas, geotecnia, exploración, seguridad, optimización de la recuperación de cobre o gestión de vehículos son algunas de las aplicaciones que Morales identifica. Pero la tecnología, por sí sola, no resuelve el desafío: también se necesitan compañías dispuestas a probarla, capital para hacerla crecer y conexiones que permitan abrir mercados internacionales.
Chile tiene una de las industrias mineras más relevantes del mundo. ¿Estamos aprovechando esa ventaja para convertirnos también en exportadores de tecnología para la minería?
Hay algunos críticos que dicen que no, que estamos principalmente produciendo tecnología local para resolver problemas locales de la minería, pero todavía sin la capacidad de empaquetar y exportar ese conocimiento como servicios para mineras extranjeras.
Sin embargo, justamente creo que ahí está la oportunidad. Un exinversionista de Mercado Libre, Nicolás Szekasy, ha planteado que Chile puede convertirse en campeón mundial en tecnología de inteligencia artificial para la minería, y creo que efectivamente tenemos una posibilidad concreta de hacerlo.
Nuestro país tiene un conocimiento específico de la industria minera y una capacidad instalada que debemos aprovechar para transformar ese conocimiento en soluciones tecnológicas exportables.
Desde UDD Ventures, ¿qué soluciones están viendo surgir para enfrentar los nuevos desafíos de industrias como la minería?
Estamos ampliando progresivamente nuestra experiencia en este ámbito. Actualmente comenzamos a trabajar con SAESA en un proceso de innovación abierta, lo que nos está permitiendo profundizar por primera vez en el trabajo con startups tecnológicas más sofisticadas, vinculadas al mundo Deep Tech.
En paralelo, a través del programa Corfo Potencia Startup Tech, estamos trabajando con emprendimientos de biotecnología y de inteligencia artificial más avanzada.
Por lo mismo, esperamos que hacia fines de año podamos contar con una mirada más amplia y resultados concretos que nos permitan identificar con mayor claridad las tecnologías y soluciones que están surgiendo y que pueden tener un impacto relevante en industrias como la minería.
¿Dónde están las oportunidades más concretas para que la inteligencia artificial genere cambios reales en minería?
En general, lo que he visto tiene que ver con el modelamiento matemático aplicado a operaciones y procesos productivos, es decir, innovación incremental que permita mejorar lo que ya existe.
Obviamente, todo lo relativo a los datos en minería va a ser fundamental y crítico. Ahí esperamos que puedan surgir muchas más startups que trabajen con modelamiento matemático y predicción de distintos parámetros dentro de una faena minera, aprovechando las capacidades que entrega la inteligencia artificial.
La oportunidad está en utilizar la IA para transformar grandes volúmenes de datos en información que permita anticipar situaciones, optimizar procesos y tomar mejores decisiones productivas.
Una de las principales barreras para las startups es validar su tecnología. ¿Qué tan difícil es conseguir que una minera pruebe una solución desarrollada por una empresa emergente?
Existe una organización llamada CIPTEMIN, el Centro Integrado de Pilotaje de Tecnologías Mineras, que justamente se dedica a promover este tipo de iniciativas.
Según explica la propia organización, se ha constituido como una corporación sin fines de lucro, con apoyo de Corfo, cuyo objetivo es generar sinergias efectivas entre la gran y mediana minería, los proveedores tecnológicos y la academia, facilitando la validación y el escalamiento de nuevas tecnologías.
También existen otras iniciativas, como Expande, de Fundación Chile, y Aster, la aceleradora de negocios de BHP, que buscan precisamente propiciar la introducción de pilotos de startups en la gran y mediana minería.
Por lo tanto, ya existen mecanismos para reducir esa barrera de entrada y permitir que una solución tecnológica pueda probarse en condiciones reales antes de escalar.
¿Las compañías mineras están realmente entendiendo el valor de trabajar con startups y proveedores tecnológicos?
Creo que lo que te decía anteriormente va justamente en ese camino. Existen organizaciones vinculadas a la mediana minería, como Pucobre, que fue parte de iniciativas de innovación abierta impulsadas por SofofaHub, donde se han ejecutado distintos programas y, por lo tanto, han comprendido el valor de esta vinculación.
De hecho, muchas mineras del norte se relacionan con proveedores locales y pymes tecnológicas, no necesariamente startups, para recibir propuestas de servicios frente a problemas complejos de la minería y utilizar tecnología para resolver desafíos productivos.
Eso demuestra que existe una relación que se está construyendo. El desafío es profundizarla y lograr que esas soluciones puedan pasar desde pilotos o servicios puntuales a empresas capaces de escalar.
Chile tiene condiciones para convertirse en un laboratorio de tecnología minera. ¿Qué falta para que las soluciones desarrolladas aquí lleguen a otros mercados?
Esto es más complejo, pero diría que falta, obviamente, intención, interés e inversión para impulsar empresas tecnológicas que puedan salir desde Chile a vender sus servicios a mineras en China, Australia, Estados Unidos y otros mercados.
Ahí creo que juega un papel importante lo que puedan hacer instituciones como ProChile, las embajadas y la participación en ferias tecnológicas internacionales. Necesitamos generar los puentes para que tecnologías que hoy están muy atomizadas en aplicaciones locales, principalmente en mineras del norte de Chile, puedan empaquetarse y transformarse en empresas capaces de proveer esos mismos servicios a mineras extranjeras.
Esto es especialmente relevante hoy en el mundo de las soluciones basadas en inteligencia artificial. Chile tiene conocimiento duro para resolver problemas productivos locales y ese conocimiento está también en pequeños proveedores, startups y pymes. El desafío es empaquetarlo y venderlo a operaciones y faenas mineras en el mundo.
Falta inversión y acompañamiento para que esas soluciones locales se transformen en empresas y falta generar el enlace entre Chile y las operaciones mineras del mundo, donde ProChile puede jugar un rol importante.
La minería enfrenta presión por aumentar productividad y sostenibilidad. ¿Qué nuevas oportunidades abre eso para las startups?
Sin duda. Y creo que, a futuro, podemos ver surgir startups muy interesantes en distintos ámbitos de la minería. Por ejemplo, copilotos para superintendentes de minas de distintos tipos de minerales; sistemas de inteligencia artificial para optimizar la recuperación de cobre a partir de información sobre la ley del mineral; sistemas de monitoreo en faena capaces de orientar vehículos de distintos tipos, algo así como un Waze para la minería.
También hay oportunidades en inteligencia artificial aplicada a la geotecnia, para predecir cómo se comporta la montaña frente a posibles derrumbes u otros eventos, agentes autónomos de seguridad para la minería y tecnologías para la exploración de nuevos yacimientos.
Otro ámbito interesante es el vínculo con los proveedores mineros, mediante agentes que puedan hacer más eficiente la relación entre las compañías y sus proveedores. En todos estos casos, la inteligencia artificial puede convertirse en un habilitador para resolver problemas muy concretos de la operación minera.
Si Chile conectara mejor minería, universidades, startups, inversionistas y grandes compañías, ¿podría surgir una nueva industria tecnológica?
Tengo una convicción desde hace años que justamente esta brecha que existe entre una startup chilena y una empresa capaz de escalar puede cerrarse aprovechando los conocimientos específicos que Chile ya posee.
Tenemos capacidades importantes en minería, pesca, energía y desastres naturales. Si incorporamos tecnología para escalar esos servicios, utilizando inteligencia artificial, entre otras herramientas, ese conocimiento puede empaquetarse en soluciones que luego se transformen en empresas capaces de proveerlas a países que enfrentan problemas similares.
¿Por qué? Porque tenemos un conocimiento específico y una capacidad comparativa. Tenemos más experiencia que muchos otros países en enfrentar desastres naturales, tenemos desafíos importantes en pesca, minería y energía y, por lo tanto, hemos acumulado conocimiento para resolverlos.
Además, tenemos una ventaja adicional: contamos con mano de obra relativamente más económica, lo que nos permite producir tecnología a costos competitivos.
Creo que ese puede ser el gran salto hacia adelante: dejar de pensar solamente en desarrollar soluciones tecnológicas para resolver problemas locales y comenzar a convertir ese conocimiento en productos y servicios exportables al mundo.
Ahí puede estar una de las claves para que las startups chilenas pasen de ser emprendimientos pequeños a scaleups y, finalmente, a empresas tecnológicas de alcance global.
Del piloto a empresas capaces de competir afuera
El desafío que plantea Morales trasciende la aparición de nuevas startups. El punto crítico está en construir una cadena capaz de llevar una solución desde su desarrollo y validación en terreno hasta la adopción comercial, el escalamiento y la llegada a otros distritos mineros. Capital, pilotaje, compañías abiertas a probar tecnología y conexiones internacionales pasan así a formar parte de una misma ecuación.
Chile dispone de una ventaja difícil de construir desde cero: operaciones de gran escala y conocimiento especializado acumulado alrededor de problemas mineros complejos. Transformar esa experiencia en empresas tecnológicas exportadoras podría abrir una nueva dimensión para el ecosistema proveedor nacional. El próximo salto será demostrar que una solución nacida para resolver una necesidad local también puede competir y crecer en la minería global.

