El presidente de Aprimin plantea que la competitividad minera exige homologar procesos, agilizar permisos y fortalecer a los proveedores como socios estratégicos, capaces de innovar, internacionalizar soluciones y sostener el crecimiento de una industria cada vez más tecnológica
Por Sandra Guijarro Vilela
La minería chilena enfrenta el desafío de transformar una cartera de inversiones superior a US$104 mil millones hacia 2034 en nuevos proyectos, producción, empleo e innovación. Para Ari Bermann, presidente de la Asociación de Proveedores Industriales de la Minería (Aprimin), la capacidad de materializar ese crecimiento dependerá en buena medida de una cadena de suministro que, según plantea, ejecuta cerca del 80% de la inversión minera y concentra entre el 77% y 80% del empleo en faena.
Bermann identifica entre los principales obstáculos la duplicidad de requisitos entre compañías, la falta de homologación de procesos y la tramitación de permisos. Son fricciones que, sostiene, elevan costos, afectan especialmente a las pequeñas y medianas empresas y retrasan la capacidad de convertir inversión proyectada en actividad económica efectiva.
En conversación con Territorio Minero, el dirigente gremial aborda también la capacidad tecnológica de los proveedores chilenos, las oportunidades de internacionalización, la formación de capital humano y las condiciones que necesitan las regiones mineras para atraer y retener talento.
Su planteamiento cruza toda la conversación: la relación entre compañías y proveedores debe evolucionar hacia una alianza estratégica que permita compartir riesgos, acelerar innovación y fortalecer la competitividad de la minería chilena.
Competitividad: destrabar la ejecución
¿Cuál es hoy el principal desafío de la industria proveedora minera?
El principal desafío radica en ordenar, estandarizar y acelerar la ejecución operativa. Sufrimos una duplicidad de requisitos y una falta de homologación en procesos administrativos entre compañías mineras que encarece la operación y debilita la competitividad del ecosistema, afectando especialmente a las Pymes. A ello se suma la burocracia en permisos (permisología) para destrabar proyectos.
Las consecuencias de no enfrentarlo a tiempo es que como los proveedores ejecutamos cerca del 80% de la inversión minera y representamos entre el 77% y 80% del empleo en faena, no resolver la fricción normativa y logística ralentizará la entrada en producción de los proyectos e impedirá convertir la inversión en crecimiento real, perdiendo competitividad frente a otros distritos globales.
La automatización, digitalización y la IA están transformando la minería. ¿Los proveedores chilenos están preparados para competir?
Sí, el ecosistema de proveedores locales está altamente preparado. La verdadera ventaja competitiva de Chile hoy radica en un ecosistema robusto de proveedores, empresas de ingeniería e innovadores que han desarrollado y validado soluciones de clase mundial directamente en faenas, en colaboración directa con las principales mineras globales.
Esta preparación es fruto de décadas de adaptación a desafíos operativos extremos: la caída en las leyes de mineral, la dureza de la roca, la escasez hídrica y las altas exigencias socioambientales.
Esas restricciones actuaron como el mayor catalizador de innovación, impulsando a las empresas proveedoras a desarrollar e implementar tecnologías pioneras a escala industrial.
Gracias a este aprendizaje práctico, los problemas que Chile resolvió hace años hoy son las urgencias globales de la minería. Por ello, el ecosistema no solo está preparado para competir, sino para liderar: el mayor valor de exportación de Chile no es solo el concentrado de cobre, sino el know-how, la madurez operativa y las soluciones tecnológicas ya probadas con éxito en nuestro territorio.
¿Qué capacidades serán clave para que los proveedores capturen las oportunidades de la nueva inversión minera?
La proyección de Cochilco de más de US$ 104.000 millones en inversiones al 2034 (con US$ 40.000 millones en Antofagasta) es un impulso clave para consolidar una “minería virtuosa” mediante el escalamiento de proveedores locales y la innovación aplicada.
Para capturar este crecimiento, las capacidades prioritarias se centrarán en escalabilidad y tecnología, elevando estándares operacionales e integrando automatización, analítica y métricas ambientales; y en paralelo, en agilidad y cumplimiento, mejorando la gestión socioambiental y la trazabilidad en la prestación de servicios.
Un elemento igualmente crítico será fortalecer las capacidades e infraestructura de las ciudades y regiones mineras. La disponibilidad de vivienda, conectividad, servicios, educación, salud y equipamiento urbano incide directamente en la viabilidad de los proyectos y en la calidad de vida de las personas que trabajan en minería o forman parte de su cadena de valor.
Por eso, el crecimiento del sector debe ir acompañado de mejores condiciones en los territorios, impulsando proveedores locales más competitivos y encadenamientos productivos que generen un impacto más profundo, sostenible y positivo en las regiones.
De proveedores locales a una oferta global
¿Qué condiciones necesita Chile para fortalecer la competitividad e internacionalización de sus proveedores?
Para fortalecer la competitividad de los proveedores chilenos y acelerar su internacionalización, primero debemos consolidar en Chile las condiciones que nos permitan competir con estándares globales. La industria proveedora local ya tiene una fortaleza muy relevante, porque ha incorporado la seguridad, la sostenibilidad y la excelencia operacional como parte de su cultura empresarial, porque ha crecido trabajando en uno de los distritos mineros más exigentes del mundo.
En ese mismo sentido, la seguridad y la sostenibilidad operan como una ventaja exportable: los proveedores chilenos han desarrollado estándares robustos en seguridad, gestión ambiental, eficiencia hídrica, energía, trazabilidad y cumplimiento, y esa experiencia, instalada como cultura en las empresas que operan en Chile, puede transformarse en una ventaja competitiva para entrar a otros mercados que hoy enfrentan desafíos similares.
Finalmente, la internacionalización, la marca país y el desarrollo de un polo regional son claves. Chile debe exportar más que minerales; debe exportar conocimiento, tecnología, servicios especializados e ingeniería aplicada. Para eso se requiere construir una verdadera marca país en proveedores de la minería, que posicione al país como un ecosistema confiable, innovador, seguro y sostenible, capaz de resolver desafíos complejos en los distritos mineros más exigentes del mundo.
Esta marca debe apoyarse en mayor articulación público-privada, inteligencia comercial, apoyo en certificaciones, presencia en ferias internacionales y una estrategia regional que mire a Chile, Perú y Argentina como un polo minero complementario frente al mundo. Si desarrollamos esa visión, los proveedores chilenos pueden aportar estándares globales, madurez operacional y cultura de seguridad para liderar la minería del futuro.
¿Cuáles son hoy las principales prioridades de Aprimin?
La agenda de Aprimin para este año está enfocada en lograr que el gremio sea sustancialmente más útil para sus socios y con una mayor incidencia en la agenda sectorial, traduciendo nuestra gestión en propuestas técnicas y resultados verificables a través del trabajo de nuestros comités.
Para responder de forma concreta a las necesidades de las empresas proveedoras en la coyuntura actual del sector, la gestión gremial se ha estructurado en cuatro ejes de acción prioritarios que operan de manera integrada.
En primer lugar, está la contingencia minera y sostenibilidad, donde buscamos participar activamente en el debate de políticas públicas que impactan la licencia para operar y la competitividad, aportando evidencia técnica y la experiencia real recopilada desde la operación misma de las empresas asociadas.
En paralelo, avanzamos en desarrollo de proveedores y “minería virtuosa”, con el objetivo de potenciar los encadenamientos productivos y la innovación aplicada, entregando herramientas de soporte a las empresas de menor tamaño para que logren escalar sus capacidades y estándares.
El tercer eje, competitividad y productividad, promueve mejoras tangibles en eficiencia, estandarización, adopción de nuevas métricas ambientales y modelos de contratación orientados al desempeño, manteniendo siempre la seguridad como un pilar intransable.
Finalmente está la materialización de proyectos e inversión, que frente a un ciclo expansivo clave para el cobre y el litio -con carteras de inversión estimadas en más de 100 mil millones de dólares para la próxima década-, la agenda busca contribuir activamente a destrabar cuellos de botella (especialmente en la tramitación de permisos y la coordinación de servicios), para garantizar mayor trazabilidad y plazos claros en los proyectos.
Talento, inclusión y territorios mineros
¿Qué se necesita para formar y retener el talento que demandará la minería del futuro?
Para acompañar la transformación del sector, el capital humano debe combinar solidez técnica con adaptación al cambio, análisis de datos, innovación y trabajo colaborativo.
Desde Aprimin impulsamos acciones prioritarias que articulan educación, regiones y tecnología: conectamos con liceos técnicos, CFTs y universidades a través de Ferias Tecnológicas Itinerantes, acercando la minería y el talento en sus propias comunidades; e implementamos el Hub de Empleabilidad Miner-IA, desarrollado por Teamwork, que utiliza inteligencia artificial para realizar un matching de precisión entre empresas y candidatos de todo Chile, visibilizando prácticas, impulsando el empleo local y midiendo contrataciones efectivas.
Adicionalmente, desde Aprimin estamos conversando con el gobierno sobre la importancia de generar mejores condiciones en las regiones mineras para que las personas puedan establecerse y proyectar su vida a largo plazo. Las zonas mineras deben transformarse en ciudades más atractivas, con mejor educación, salud, movilidad, conectividad, servicios y experiencia urbana.
Retener talento no depende solo de la formación técnica o de las oportunidades laborales, sino también de construir territorios donde las personas y sus familias quieran vivir, desarrollarse y permanecer.
¿Dónde observa los principales avances y brechas en sostenibilidad, inclusión y desarrollo local?
Observo avances muy significativos en innovación, presencia local e inclusión. Hoy los proveedores representamos a tres de cada cuatro trabajadores en la minería, y hemos desarrollado soluciones de nivel mundial en eficiencia hídrica, automatización y sustentabilidad, probadas directamente en las condiciones más complejas de nuestras faenas.
Pero también hay un avance humano y cultural muy relevante: la minería chilena ha abierto espacios cada vez más importantes para la inclusión de mujeres, personas con discapacidad, talento joven y diversidad en general, tanto en faenas como en empresas proveedoras, oficinas y operaciones.
Chile lidera a nivel mundial en inclusión de la mujer en minería, tanto por participación como por avance relativo, y si consideramos a los proveedores como un ecosistema amplio -no solo a quienes participan directamente en la extracción, sino también a quienes prestan servicios, tecnología, soporte y operación-, vemos que también están dentro de los líderes globales en esta transformación.
El desafío hacia adelante es seguir ampliando esa inclusión, profundizarla en toda la cadena de valor y convertirla en un estándar permanente de la minería moderna.
Sin embargo, las brechas aún son claras. La principal es que necesitamos pasar definitivamente de una relación transaccional a una de verdaderos socios estratégicos, donde se nos integre desde el diseño de los proyectos para compartir riesgos, acelerar la innovación y optimizar toda la cadena de valor. A esto se suma la urgencia de contar con contratos más equilibrados, procesos y estándares más homologados entre compañías mineras, y una tramitación de permisos más ágil y predecible.
En la medida en que fortalezcamos al ecosistema de proveedores bajo este enfoque sostenible, no gana solo un sector, gana y se proyecta toda la minería chilena hacia el mundo.
Una cadena de valor que busca escalar
La mirada de Bermann sitúa a los proveedores en una posición que supera la prestación de servicios y el cumplimiento contractual. Innovación aplicada, conocimiento acumulado en faena, estándares de seguridad y capacidad tecnológica aparecen como activos que Chile puede escalar hacia nuevos mercados, siempre que la industria consiga reducir fricciones internas y establecer relaciones más equilibradas dentro de su cadena de valor.
El ciclo de inversión proyectado para la próxima década abre una oportunidad para probar esa transformación. Su materialización dependerá no solo de nuevos proyectos, sino también de proveedores capaces de crecer, internacionalizar soluciones y encontrar en las regiones condiciones adecuadas para atraer talento, innovar y desarrollar capacidades permanentes.
El desafío será convertir la experiencia acumulada por la minería chilena en una ventaja competitiva que pueda proyectarse fuera de sus faenas y fronteras.

