Las autoridades de Tarapacá, Antofagasta, Atacama y Coquimbo plantearon que el próximo ciclo minero requerirá mayor conectividad, capital humano, proveedores locales e inversión pública para que el crecimiento de la industria se traduzca en desarrollo regional
El futuro de la minería comienza a jugarse también fuera de las faenas. Frente a nuevas inversiones y proyectos que buscan avanzar durante los próximos años, las principales regiones productoras del norte están poniendo sobre la mesa una variable decisiva: qué condiciones deben tener los territorios para sostener ese crecimiento y cuánto de esa actividad logra transformarse en empleo, infraestructura y desarrollo local.
Ese fue uno de los ejes abordados por los gobernadores de Tarapacá, José Miguel Carvajal; Antofagasta, Ricardo Díaz; Atacama, Miguel Vargas; y Coquimbo, Cristóbal Juliá, durante la Cumbre de la Minería SONAMI 2026, realizada en Santiago. Las autoridades participaron en el panel “Minería después de la minería: nuevos desafíos y oportunidades territoriales”.
La presencia conjunta de cuatro de las principales regiones mineras del país permitió poner énfasis en brechas que van más allá de la operación de los yacimientos. Conectividad, infraestructura, disponibilidad de trabajadores especializados, capacidad de respuesta del aparato público y desarrollo de proveedores regionales aparecen cada vez más vinculados a la competitividad de la industria.
La competitividad también se juega fuera de las faenas
El gobernador de Tarapacá, José Miguel Carvajal, relacionó directamente la capacidad de crecimiento de la minería con las condiciones de los territorios. “La competitividad de la minería no solo se juega dentro de las faenas; también se juega fuera de ellas, en el territorio: en que exista el recurso humano, que la conectividad funcione, que las ciudades no queden aisladas y que el aparato público pueda responder ante una emergencia”, sostuvo.
La capacidad de las regiones para capturar una mayor parte de la actividad minera también pasa por fortalecer su tejido empresarial. Un diagnóstico conocido recientemente en Antofagasta estimó que las compras mineras a proveedores regionales podrían aumentar desde cerca de US$2.650 millones hasta un máximo de US$11.300 millones hacia 2035, dependiendo de cuánto del gasto de la industria consiga permanecer en el territorio.
La magnitud de esa proyección muestra que atraer proyectos no garantiza por sí solo un mayor impacto regional. Para capturar esas oportunidades, las empresas locales necesitan ingresar a las cadenas de suministro, mejorar certificaciones, incorporar tecnología y contar con trabajadores capaces de responder a los estándares que exige la gran minería.
A esa dimensión productiva se suma la infraestructura. Carreteras, conexiones entre ciudades y faenas, servicios públicos y capacidad de respuesta frente a emergencias adquieren relevancia cuando una nueva operación debe movilizar durante años a miles de trabajadores, contratistas, proveedores y servicios asociados.
Empleo y encadenamientos locales
El gobernador de Atacama, Miguel Vargas, puso el acento en los efectos que la minería puede generar sobre las economías del norte. “La minería genera dinamismo económico no solo para Chile, sino que particularmente para las regiones del norte; genera puestos de trabajo, contratación de servicios y encadenamientos con otras actividades productivas. También promueve la inversión pública en el fortalecimiento de la red vial y tiene muchas externalidades positivas”, afirmó.
El empleo aparece, por tanto, ligado a una pregunta más amplia que la cantidad de puestos de trabajo creados por una faena. El reto está en cuánto talento puede formarse y permanecer en las propias regiones, qué proporción de las contrataciones logra cubrirse localmente y qué oportunidades se abren para pequeñas y medianas empresas instaladas en los territorios.
Atacama entrega ejemplos de cómo esa preparación comienza antes de que los proyectos entren en operación. Cerca de 80 empresas regionales participaron recientemente en un acercamiento con Capstone Copper para conocer anticipadamente los requerimientos y estándares de contratación de Santo Domingo, iniciativa que busca avanzar hacia una decisión final de inversión durante 2026.
La vinculación temprana de Santo Domingo con proveedores locales de Atacama muestra la importancia de preparar capacidades empresariales antes de que comience la demanda efectiva de bienes y servicios.
Por su parte, el gobernador de Coquimbo, Cristóbal Juliá, destacó la posibilidad de reunir en una misma instancia a distintos segmentos de la industria. “Que se haya hecho esta instancia donde se convoca a la pequeña, a la mediana y la gran minería, es bastante positivo, porque abre un espacio de conversación, abre un diálogo, nos permite también establecer cuáles son las brechas que hay en distintas regiones”, señaló.
La mirada regional también obliga a reconocer que esas brechas no son iguales en todo el norte. Disponibilidad hídrica, energía, conectividad, formación de trabajadores, infraestructura urbana o acceso de proveedores pueden tener pesos diferentes dependiendo del territorio y de los proyectos que buscan instalarse o ampliar sus operaciones.
Preparar los territorios para el próximo ciclo minero
La Cumbre de la Minería SONAMI 2026 reunió a representantes de la pequeña, mediana y gran minería, autoridades, expertos y delegaciones internacionales. La instancia amplió el formato de la tradicional Cena Anual de la organización e incorporó paneles destinados a abordar los principales desafíos de la industria y su relación con los territorios.
Para las regiones productoras, el próximo ciclo minero abre una oportunidad que va más allá de aumentar producción o sumar proyectos. Una mayor inversión puede ampliar la demanda por trabajadores, servicios, infraestructura y proveedores, pero la magnitud del impacto dependerá de cuánto estén preparadas las economías regionales para capturar esas oportunidades.
El planteamiento de los gobernadores apunta precisamente a esa dimensión. La minería puede seguir siendo uno de los principales motores de inversión del norte, pero el efecto territorial estará determinado por la capacidad de transformar esa actividad en empleo de calidad, empresas regionales más competitivas, infraestructura y ciudades capaces de acompañar el crecimiento de la industria.

