La iniciativa ingresó mediante una Declaración de Impacto Ambiental y contempla cambios tecnológicos en el depósito, manteniendo la capacidad de procesamiento y la vida útil de la operación hasta 2039
Minera Spence ingresó al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental un proyecto por US$318 millones destinado a modificar y optimizar su depósito de relaves, una inversión que incorpora nuevas obras y cambios tecnológicos en una infraestructura clave para sostener la operación durante los próximos años.
La Dirección Regional de Antofagasta del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) acogió a trámite la Declaración de Impacto Ambiental del proyecto “Modificación del Depósito de Relaves Spence por Optimización en la Configuración e Implementación de Cambios Tecnológicos en los Relaves, incluyendo la Adecuación de Infraestructura Asociada”.
La iniciativa busca optimizar el depósito actualmente aprobado y en operación, sin aumentar la capacidad productiva de la faena. Spence mantendrá la tasa de procesamiento autorizada de 95.000 toneladas de mineral por día, mientras la vida útil seguirá fijada ambientalmente hasta 2039. El proyecto, por lo tanto, no contempla una extensión de la operación más allá de ese horizonte.
US$318 millones para una infraestructura crítica
El proyecto se desarrollará en dos etapas. La primera considera modificar la configuración del depósito, manteniendo hasta 2031 el porcentaje de sólidos actualmente autorizado, equivalente al 52%.
La segunda fase incorpora uno de los principales cambios tecnológicos de la iniciativa: la utilización de espesadores para elevar la concentración de sólidos a un rango de entre 53% y 58%. Esta intervención forma parte de la optimización prevista para el manejo futuro de los relaves generados por la operación.
La inversión adquiere relevancia en momentos en que la gestión y transparencia de los depósitos de relaves se ha convertido en uno de los ámbitos ambientales sometidos a mayor seguimiento dentro de la gran minería, incorporando variables asociadas a operación, gestión hídrica, riesgos, monitoreo y planes de cierre.
Según los antecedentes presentados, todas las partes, obras y actividades contempladas por el proyecto abarcarán aproximadamente 6.081 hectáreas, considerando infraestructura temporal y permanente. De esa superficie, cerca de 550 hectáreas corresponderán a nuevas áreas a intervenir, uno de los componentes que deberá ser analizado durante el proceso de evaluación ambiental.
Evaluación ambiental abre revisión técnica
El ingreso al SEIA marca el inicio de la revisión formal de una inversión que combina continuidad operacional, infraestructura y gestión de relaves. Al tramitarse mediante una Declaración de Impacto Ambiental, los organismos públicos con competencia ambiental deberán pronunciarse sobre los antecedentes presentados por la compañía y solicitar las aclaraciones o complementos que correspondan durante el proceso.
La iniciativa se inserta además en una discusión más amplia sobre el futuro de los residuos mineros. En Antofagasta, distintas líneas de investigación están explorando nuevas tecnologías para la gestión, reprocesamiento y valorización de relaves, reforzando el carácter ambiental y tecnológico que esta materia está adquiriendo dentro de la industria.
Para Spence, la inversión de US$318 millones apunta específicamente a adecuar una infraestructura necesaria para acompañar su operación hasta 2039. El proyecto deberá ahora superar la evaluación ambiental antes de materializar las modificaciones propuestas, en una faena que mantiene además una relación de largo plazo con Sierra Gorda, donde la compañía ha comprometido otras inversiones en infraestructura y desarrollo territorial.
El proceso permitirá establecer las condiciones ambientales bajo las cuales podrá ejecutarse una de las principales inversiones recientes asociadas a la infraestructura de Spence, poniendo el foco en un componente crítico para la continuidad de las grandes operaciones de cobre: la gestión de sus relaves durante las próximas etapas de explotación.

