La gestión del agua se ha transformado en uno de los principales desafíos estratégicos para la minería que opera en el norte de Chile. En territorios marcados por escasez hídrica estructural, cambio climático y comunidades con acceso limitado al agua potable, la industria enfrenta una exigencia creciente: ir más allá del cumplimiento normativo y de la infraestructura, y asumir un rol activo en la sostenibilidad hídrica de los territorios donde desarrolla su actividad.
Durante los últimos años, la minería ha avanzado en eficiencia, uso de agua de mar, recirculación y tecnologías de reducción de consumo. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que la disponibilidad de agua para las comunidades no se resuelve solo con soluciones técnicas, sino con modelos de gestión que aseguren continuidad, calidad y gobernanza del servicio en el tiempo. Entonces, el relacionamiento territorial y la colaboración multiactor se vuelven factores críticos.
Conversamos con Renato Múñoz, Director General y Co-CEO de WATERisLIFE, quien plantean que la minería puede transformarse en un aliado estratégico para el acceso sostenible al agua potable, cuando aporta capacidades en gestión, innovación y visión de largo plazo, articulándose con ONG especializadas, comunidades locales y el sector público.
Una mirada que instala a la industria no solo como usuaria del recurso, sino como actor clave en la gobernanza hídrica de los territorios mineros.
Desde la experiencia de WATERisLIFE en distintos países, ¿qué características tiene la realidad de las comunidades del norte de Chile en materia de acceso a agua potable y qué tipo de soluciones se ajustan mejor a ese contexto específico?
Desde WATERisLIFE, al observar el norte de Chile con una perspectiva global, identificamos un patrón común en territorios con escasez hídrica crónica: el problema no es sólo la falta de agua, sino la continuidad del servicio en el tiempo, considerando calidad, operación y costos. En países donde el estrés hídrico es estructural, como Kenia o zonas áridas de América Latina, hemos aprendido que la infraestructura “por entrega” tiende a deteriorarse si no existe un sistema local que la sostenga.
En el norte de Chile, suelen funcionar mejor soluciones descentralizadas y resilientes, como sistemas de filtración, almacenamiento seguro, monitoreo de calidad y uso de energías limpias, siempre que estén diseñadas como un servicio y no solo como una obra. Esto implica responsables claros, mantenimiento programado y financiamiento operativo. Sin operación y mantención sostenidas, los servicios WASH tienden a fallar.
Cuando trabajan con comunidades que llevan años enfrentando escasez hídrica, ¿cómo se integra a las personas locales en las soluciones que impulsa WATERisLIFE?
Nuestra experiencia en África y América Latina confirma lo que advierte la ONU: entre un 30% y un 50% de los proyectos WASH dejan de funcionar pocos años después de su implementación, no por fallas técnicas, sino por problemas de gobernanza, bajo involucramiento comunitario y falta de seguimiento.
Esto explica por qué el rol de organizaciones con trabajo directo en terreno es tan relevante. Co-diseñamos las soluciones junto a las comunidades, formamos operadores locales y acompañamos la gestión hasta que el sistema realmente se sostiene. El agua no se impone: se construye y se cuida desde lo local.
En el norte de Chile, donde la minería convive con una fuerte escasez hídrica, ¿cómo pueden las empresas mineras transformarse en aliados reales para llevar agua potable a comunidades que hoy no tienen acceso?
Es importante reconocer que muchas empresas mineras hoy realizan un trabajo comunitario serio y profesional, cumpliendo estándares internacionales de relacionamiento. Sin embargo, en contextos de escasez hídrica profunda, es necesario avanzar desde acciones filantrópicas hacia alianzas estructurales de largo plazo.
Ahí cobra sentido el modelo Empresa–ONG–Comunidad, donde cada actor aporta desde su experiencia y se construyen soluciones sostenibles en el tiempo, no solo proyectos puntuales. La clave es mirar más allá de la infraestructura y pensar en gobernanza territorial.
Desde lo que han visto en otros países, ¿qué rol puede jugar la minería para apoyar soluciones sostenibles en el tiempo?
A nivel global, hemos visto que la minería puede cumplir un rol muy positivo cuando aporta tecnología, innovación, gestión y visión de largo plazo, trabajando con ONG especializadas y comunidades locales.
La sostenibilidad aparece cuando existe colaboración real: empresas que invierten y comparten capacidades; organizaciones como WATERisLIFE que aseguran implementación y gobernanza en la última milla; y comunidades que asumen la operación como propia. Ese trabajo conjunto marca la diferencia entre una buena intención y una solución que perdura.

