Chile busca dar un nuevo impulso a su historia minera con un protagonista que vuelve a la escena global: el cobalto, un mineral esencial para la fabricación de baterías recargables, vehículos eléctricos y tecnologías limpias.
Hoy, el país proyecta una segunda vida para este metal, impulsando su recuperación desde antiguos relaves mineros y apostando por una minería sustentable y de alto valor agregado.
La geóloga Marjorie Salazar Tejo, docente de la Escuela de Recursos Naturales de Duoc UC y adherente de Compromiso Minero, explica que el cobalto tiene una historia profunda en el norte de Chile, aunque su explotación quedó en el pasado.
“Durante décadas, el cobalto se explotó principalmente en el Norte Chico, en regiones como Atacama y Coquimbo, donde se utilizaba en la elaboración de pigmentos azules para cerámicas y vidrios que se exportaban a Europa. Era una actividad relevante en el siglo XIX y comienzos del XX, que luego perdió fuerza con la irrupción de otros minerales”, señala Salazar.
Hoy, la situación es distinta. Según la profesional minera, “el cobalto vuelve a cobrar protagonismo, pero desde una mirada completamente diferente. Ya no se trata solo de extraer un mineral, sino de generar una industria que sume valor, tecnología y sostenibilidad. La transición energética mundial abre una oportunidad para que Chile participe desde sus propias capacidades científicas y territoriales”.
El “tesoro azul” en los relaves chilenos
Uno de los grandes avances es que Chile no necesita abrir nuevas minas de cobalto. Su potencial está en los relaves mineros, esos depósitos de residuos que por años han acumulado materiales con alto contenido de este metal en zonas como Coquimbo, Atacama y Valparaíso.
De acuerdo con el Centro Integrado de Pilotaje de Tecnologías Mineras (CIPTEMIN), adherente de Compromiso Minero, estos relaves contienen una reserva significativa de cobalto que podría transformar la matriz productiva del país. Se estima que su recuperación permitiría producir hasta 15.000 toneladas anuales, una cifra que incluso podría duplicarse si se combina con la extracción asociada al cobre.
Al respecto, la Dra. Cynthia Torres, directora ejecutiva de CIPTEMIN, destaca que “El cobalto es un componente crítico en la fabricación de baterías de ion-litio, vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento de energía”.
La investigadora enfatiza que “Desarrollar capacidades locales para producirlo de manera sustentable no solo permitiría a Chile insertarse en la cadena global de valor, sino que también aportaría a la transición energética mundial con materiales producidos bajo estándares de trazabilidad, respeto ambiental y desarrollo territorial”.
Torres agrega que la recuperación de cobalto desde relaves también contribuye a resolver pasivos ambientales históricos. “Son depósitos que han estado ahí por décadas. Si logramos aprovecharlos de manera responsable, no solo generamos una nueva industria, sino que también reducimos el impacto ambiental y mejoramos la seguridad en los territorios mineros”.
Bacterias que transforman residuos en oportunidades
La recuperación del cobalto también tiene rostro científico. En la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), un grupo de investigadores impulsa el proyecto BioElectroTor, una iniciativa que utiliza bacterias anaeróbicas —microorganismos que trabajan sin oxígeno— para recuperar metales de los relaves mineros.
“El proyecto BioElectroTor busca transformar lo que hoy se considera un desecho en una oportunidad”, explica Javiera Toledo, Ph.D. en Biotecnología y Microbiología, académica de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la UAI y adherente de Compromiso Minero.
Toledo resalta además que “Recuperar cobalto desde los relaves significa menos residuos, menos impacto ambiental y más desarrollo local, especialmente para las comunidades que históricamente han convivido con pasivos mineros”.
La investigación se realiza en el Laboratorio de Medioambiente de la UAI en Viña del Mar y en la escuela Mina Planta Chancón, ubicada en la Región de O’Higgins, donde se prueban reactores biológicos a escala piloto.
“A diferencia de la minería tradicional, que requiere mover grandes volúmenes de roca y consume mucha agua y energía, esta tecnología aprovecha material ya procesado”, comenta la científica, quien explica que “Eso implica una reducción importante en la huella ambiental y energética, además de abrir nuevas oportunidades laborales vinculadas a la biotecnología y la innovación”.
Los resultados preliminares muestran que el proceso podría ser escalable industrialmente, lo que permitiría acelerar el desarrollo de la biominería en Chile y crear una nueva línea productiva basada en la economía circular.
Chile ante la nueva economía del cobalto
El interés por el cobalto refleja un cambio estructural en la forma en que Chile piensa su minería. La reactivación del cobalto no se centra solo en la extracción, sino en la creación de conocimiento, tecnología y sostenibilidad.
De material de desecho a recurso estratégico, el cobalto chileno podría integrarse a la nueva economía verde global, junto a países que hoy lideran la producción responsable de minerales críticos, como Australia, Canadá y Finlandia.
“Chile tiene una ventaja comparativa importante”, sostiene la Dra. Cynthia Torres. “Contamos con infraestructura minera, capital humano especializado y experiencia en trazabilidad. Si sumamos innovación y ciencia aplicada, podríamos estar frente a una nueva industria que combine valor económico, sostenibilidad y desarrollo territorial”.
El llamado “tesoro azul” del cobalto no solo puede contribuir a la transición energética global, sino que también representa una oportunidad para reactivar regiones con historia minera, impulsando empleos tecnológicos y un nuevo ciclo de valor para el país.



