Por Mario Yáñez. Gerente general de GPS Chile
Cada agosto, el Mes de la Minería nos invita a proyectar el futuro de la industria. Tradicionalmente, la atención se concentra en las variables macro: precios del cobre, marcos tributarios y agilidad en la permisología. Si bien estos factores son estructurales y de alto impacto, existe una palanca estratégica de competitividad que está 100% en nuestras manos y al alcance de cada operación: la inteligencia de datos e integración tecnológica.
La minería chilena es hoy referente en la adopción de tecnologías avanzadas. Cada camión, componente y turno genera un flujo constante de información vital. Sin embargo, el verdadero salto de productividad no está en capturar más datos, sino en hacerlos hablar entre sí y convertirlos en decisiones en tiempo real.
A partir de nuestra experiencia integrando IoT en entornos de alta exigencia operacional, hemos comprobado que el gran valor de la tecnología no radica en la acumulación de métricas, sino en la orquestación inteligente de la información. Cuando logramos que los sistemas conversen, transformamos miles de señales aisladas en certezas operativas.
Un caso concreto es la gestión de seguridad y fatiga. Mediante la aplicación de inteligencia artificial sobre los sensores IoT, somos capaces de filtrar el ruido y entregarle al operador o supervisor solo la alerta crítica, aquella que realmente previene un incidente.
Lo mismo ocurre con la optimización de combustible, el mantenimiento predictivo o la disponibilidad de flota. La información deja de ser un registro pasivo para convertirse en una acción proactiva que protege vidas, reduce costos y cuida la continuidad operacional.
Aprovechar este capital de datos no requiere reestructuraciones complejas ni largos plazos de retorno; requiere una visión de integración donde el dato sea tratado como un activo estratégico.
Mientras la industria continúa sus debates de largo plazo sobre reformas y normativas, los gerentes operacionales y líderes tecnológicos tienen hoy la oportunidad de mover la aguja en el corto plazo. Conectar la tecnología que ya existe en faena con decisiones ejecutables es, sin duda, la ruta más rápida, segura y concreta para elevar la productividad y sostenibilidad de nuestra minería.
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