La Empresa Nacional de Minería (ENAMI) cumple un rol estratégico para la pequeña y mediana minería chilena, apoyando su desarrollo productivo y financiero. Bajo la gestión de Iván Mlynarz, la institución avanza en un proceso de saneamiento económico que le permite mirar el futuro con mayor solidez.
En conversación con Territorio Minero, el vicepresidente ejecutivo explica los desafíos y prioridades de la empresa: seguridad, sostenibilidad, participación femenina, apoyo crediticio y programas de capacitación que fortalecen la competitividad de un sector que aporta más de US$600 millones en exportaciones anuales.
ENAMI cumple un rol estratégico en la pequeña y mediana minería chilena. ¿Cómo define usted el quehacer actual de la institución y sus prioridades para este sector?
La Empresa Nacional de Minería es fundamental para la pequeña minería, pero para que este sector se desarrolle necesita una ENAMI fortalecida. Por eso en esta administración nos abocamos con fuerza a sanear financieramente a la empresa, con decisiones que, si bien causaron revuelo, tuvieron efectos positivos.
Hemos optimizado nuestros resultados operacionales y en agosto acabamos de culminar el proceso de renegociación de la deuda, dejando atrás la situación de estrés financiero. Esta nueva condición de la empresa nos ha permitido estar en una posición sólida para liderar proyectos estratégicos para el país como la modernización de la Fundición Hernán Videla Lira y el proyecto de litio Salares Altoandinos, sin descuidar nuestra misión de fomento a la pequeña minería.
Mirando a futuro, podemos decir a los productores mineros que la tarea de seguir comprando y procesando sus minerales está garantizada por un tiempo largo.
La seguridad minera sigue siendo un desafío importante en la pequeña y mediana minería. ¿Qué iniciativas ha implementado ENAMI para fortalecer la seguridad de los trabajadores y prevenir accidentes en faenas de menor escala?
La seguridad no es solo un eslogan. En ENAMI hemos hecho bien las cosas, durante el año 2024 registramos las tasas más bajas de accidentabilidad en la historia de nuestra empresa, pero no podemos bajar los brazos. Y esa misma premisa la hemos extendido al sector de la pequeña minería, con acciones concretas.
Estamos desarrollando cursos para productores y sus trabajadores en manipulación de explosivos, rescate minero y primeros auxilios, que apuntan a incorporar los estándares necesarios de seguridad en el sector.
La inclusión y equidad son temas clave en la industria. ¿Qué acciones ha impulsado ENAMI para promover la participación de mujeres, jóvenes y comunidades locales en la minería de menor escala?
Como ENAMI estamos en los territorios, nuestros trabajadores viven en las comunas donde tenemos operaciones. Conocemos de primera fuente las necesidades de nuestras vecinas y vecinos y tenemos un robusto plan de relacionamiento con las comunidades locales y los productores.
Al interior de la empresa hemos desarrollado iniciativas con foco en igualdad de oportunidades y conciliación entre vida laboral y personal. Podemos decir con orgullo que tenemos una participación laboral femenina por sobre la media de la industria, con un 26,71% a julio pasado.
La adopción de tecnología es vital para aumentar productividad y sostenibilidad. ¿Cuáles son los principales programas de desarrollo tecnológico que ENAMI ha desplegado para apoyar a la pequeña y mediana minería?
El objetivo de ENAMI es fomentar y promover el negocio minero de pequeña escala de manera sostenible. Un ejemplo es el Programa de Desarrollo de Capacidades Competitivas, que se extenderá hasta noviembre, con cursos gratuitos virtuales y presenciales desde Tocopilla hasta Rancagua.
Estos cursos abordan geomecánica, valoración económica, operación de maquinaria, interpretación de planos geológicos y topográficos, e instalación de paneles solares, con el fin de aumentar la producción y mejorar la productividad.
Muchos pequeños y medianos mineros enfrentan brechas financieras y de capacitación. ¿Qué mecanismos ofrece ENAMI para superar estas limitaciones y fortalecer la competitividad del sector?
ENAMI cuenta con un modelo de fomento único en el mundo. Disponemos de un programa de Reconocimiento de Recursos y/o Reservas, que permite a los pequeños productores poner en marcha sus operaciones, además de asistencia técnica de ingenieros, geólogos y topógrafos en terreno.
También ofrecemos apoyo crediticio a un sector que no es atendido por la banca privada. El Presupuesto de la Nación 2025 aumentó los fondos anuales de 8 a 10 millones de dólares, lo que permitirá fortalecer nuestro trabajo en el tiempo.
La formalización de la minería artesanal y pequeña es un desafío constante en Chile. ¿Cómo aborda ENAMI este tema y qué resultados ha observado en los últimos años?
Nuestra empresa es clave para mantener una minería formal, a diferencia de otros países donde prolifera la minería ilegal. Solo compramos a productores empadronados. Sin embargo, reconocemos que existe informalidad, por lo que estamos desarrollando un estudio inédito de informalidad en las provincias del Huasco y Elqui, que aportará información clave para definir políticas públicas para este sector.
Desde su perspectiva, ¿cuáles son los principales desafíos que enfrentará la pequeña y mediana minería chilena en los próximos cinco años, y cómo planea ENAMI contribuir a superarlos?
La pequeña minería representa el 1% de la minería total del cobre, pero genera más de US$ 600 millones en exportaciones anuales. Es un pilar económico en localidades del norte del país. Creemos firmemente que existen condiciones para duplicar la producción en poco tiempo.
Hoy, operar un yacimiento de hasta 1.000 toneladas requiere solo una Declaración Minera, lo que simplifica trámites. Además, hemos impulsado que pequeños productores accedan al arriendo de pertenencias de grandes mineras para generar nuevos negocios.
Finalmente, ENAMI ha desarrollado programas de vinculación con comunidades y proveedores locales. ¿Qué impacto han tenido estas iniciativas en el desarrollo regional y en la consolidación de cadenas de valor más sostenibles?
La empresa es un pilar en territorios como Taltal, El Salado, Paipote, Tierra Amarilla, Vallenar y Ovalle. Un ejemplo de valor sostenible es el proyecto de litio Salares Altoandinos, desarrollado junto a Rio Tinto, la segunda minera más grande del mundo, que contempla una de las inversiones más altas en la Región de Atacama.
Este proyecto aportará recursos a gobiernos locales, fomentará investigación, desarrollo sostenible y comunidades indígenas, además de generar empleo en Diego de Almagro, Chañaral y Copiapó, dinamizando a proveedores locales.

