Sequías, lluvias extremas, inundaciones y mayor presión sobre la disponibilidad de agua elevan los riesgos para operaciones e infraestructura. GHD plantea avanzar hacia desalación, reúso, soluciones basadas en la naturaleza y herramientas digitales para fortalecer la adaptación
La creciente frecuencia de sequías, inundaciones y eventos climáticos extremos está elevando los riesgos asociados al agua para sectores como minería, energía e infraestructura, obligando a incorporar criterios de resiliencia hídrica en la planificación de nuevas inversiones y en la operación de activos existentes.
El desafío adquiere especial relevancia en Chile, donde períodos prolongados de escasez conviven con episodios de lluvias intensas y remociones en masa. Para actividades que dependen de suministro continuo de agua e infraestructura crítica, la adaptación comienza a adquirir una dimensión operacional y económica, además de ambiental.
La advertencia forma parte de Resilient Water Futures, iniciativa presentada por la consultora global GHD, que identifica la disponibilidad, calidad y gestión del recurso hídrico entre los riesgos crecientes que enfrentan minería, energía, agricultura, infraestructura y ciudades.
Del riesgo hídrico a la continuidad operacional
“Hoy el agua es una de las principales expresiones de cómo el cambio climático está impactando nuestras economías y comunidades. Fortalecer la resiliencia hídrica no solo es un desafío ambiental, sino una prioridad estratégica para el desarrollo sostenible en Chile y en toda la región”, señalan desde GHD.
Para la minería, la disponibilidad del recurso ya condiciona decisiones sobre nuevos proyectos, expansión de operaciones e infraestructura asociada. El cambio es especialmente visible en el norte, donde la desalación se ha convertido en infraestructura habilitante para nuevas inversiones mineras frente a las restricciones que afectan a las fuentes continentales.
A ello se suma la necesidad de preparar ductos, plantas, caminos, sistemas eléctricos y obras hidráulicas para responder tanto a períodos de escasez como a episodios extremos que pueden afectar la continuidad de las operaciones.
GHD plantea que la respuesta requiere superar una lógica centrada exclusivamente en reaccionar frente a emergencias y avanzar hacia inversiones capaces de funcionar bajo distintos escenarios climáticos.
Entre las alternativas identifica desalación, reutilización y gestión integrada del agua, junto con infraestructura reforzada frente a eventos extremos, soluciones basadas en la naturaleza y herramientas digitales y de analítica avanzada para anticipar riesgos y mejorar la toma de decisiones.
Minería acelera diversificación de fuentes
La minería chilena ya avanza mediante mayor recirculación y creciente incorporación de agua de mar. La transición hídrica de la minería combina agua de mar, reúso y mayor eficiencia operacional, reduciendo progresivamente la dependencia de recursos continentales.
La estrategia también genera nuevas exigencias. Construir plantas desaladoras y transportar el agua desde la costa hacia faenas ubicadas a gran altura requiere infraestructura de gran escala, energía y sistemas capaces de asegurar continuidad de suministro.
La expansión de este modelo enfrenta además desafíos económicos y regulatorios. Los costos energéticos, los permisos y la infraestructura aparecen entre las principales barreras para ampliar la desalación minera, especialmente cuando los proyectos consideran impulsiones de agua por cientos de kilómetros y grandes diferencias de altura.
La resiliencia hídrica, por tanto, no depende únicamente de disponer de más agua. También exige que plantas, ductos, sistemas eléctricos y otras instalaciones críticas puedan enfrentar interrupciones, variaciones ambientales y eventos extremos sin comprometer la continuidad operacional.
Planificar inversiones bajo incertidumbre
Otro de los enfoques promovidos por GHD es el denominado adaptive pathways, basado en desarrollar estrategias de inversión flexibles que puedan modificarse cuando cambian las condiciones climáticas.
La metodología busca evitar que proyectos diseñados para operar durante décadas queden condicionados por una única proyección, incorporando puntos de decisión que permitan ampliar, modificar o acelerar determinadas soluciones según evolucione el riesgo.
La dimensión económica también gana importancia. El análisis advierte que los riesgos relacionados con el agua pueden afectar cadenas de suministro, infraestructura y activos críticos, aumentando los costos asociados tanto a interrupciones productivas como a reconstrucción y adaptación.
Para minería e infraestructura, el desafío comienza así a desplazarse desde asegurar disponibilidad inmediata hacia desarrollar sistemas capaces de mantener su funcionamiento frente a condiciones climáticas más variables y difíciles de anticipar.
La resiliencia hídrica aparece cada vez más vinculada a continuidad operacional, protección de inversiones y relación con los territorios. Adaptar infraestructura, diversificar fuentes de abastecimiento y mejorar la capacidad de anticipación serán factores relevantes para reducir la exposición de industrias y comunidades frente a un clima más incierto.

