El Instituto de Tecnologías Limpias reunió a empresas, academia y desarrolladores para identificar las brechas regulatorias, financieras, tecnológicas y de infraestructura que aún separan los proyectos de hidrógeno verde anunciados en Chile de su implementación a escala industrial
Chile mantiene una amplia cartera de proyectos de hidrógeno verde y sus derivados, pero el desafío comienza a trasladarse desde los anuncios y pruebas tecnológicas hacia una etapa más compleja: conseguir que las iniciativas alcancen condiciones técnicas, económicas y financieras que permitan su implementación industrial.
Esa distancia entre pilotaje y escalamiento concentró parte de la discusión de la Jornada de Desafíos Tecnológicos: Hidrógeno y Derivados Estratégicos, organizada por el Instituto de Tecnologías Limpias (ITL), que reunió en Santiago a 70 representantes de empresas, universidades y centros tecnológicos, además de 18 expositores vinculados al desarrollo de esta industria.
La actividad puso sobre la mesa factores que van más allá de disponer de energía renovable: costos de producción, financiamiento, regulación, infraestructura, demanda, volumen y continuidad de suministro, junto con la necesidad de validar tecnologías antes de comprometer inversiones de mayor escala.
Una cartera amplia que todavía busca escalar
Las cifras muestran la dimensión de ese desafío. De acuerdo con el mapa actualizado por H2 Chile a diciembre de 2025, el país registra 83 proyectos anunciados en diferentes fases de desarrollo. De ellos, 46 corresponden a producción y comercialización de hidrógeno y derivados, 33 a distintas aplicaciones y cuatro a manufactura de componentes.
Sin embargo, solo 17 proyectos están actualmente operativos y todos corresponden a iniciativas a escala piloto, destinadas principalmente a probar la escalabilidad técnica y económica de las tecnologías. La mayor parte de los proyectos de producción permanece todavía en etapas tempranas de desarrollo.
La propia política pública reconoce ese salto pendiente. La actualización de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde y Derivados 2026-2030 estableció entre sus metas conseguir que al menos dos proyectos de escala industrial alcancen una decisión final de inversión, además de avanzar en infraestructura portuaria y logística compartida y en polos industriales de demanda interna.
Para Patricio Aguilera Poblete, director ejecutivo del ITL, una de las tareas está precisamente en transformar las necesidades de la industria en proyectos tecnológicos concretos. “Esta jornada nos permitió poner sobre la mesa, junto a la industria, la academia y los desarrolladores de proyectos, brechas que hoy separan los anuncios de hidrógeno verde y derivados de su implementación”, señaló Aguilera.
El ejecutivo explicó que el instituto busca actuar como intermediario de innovación, articulando proyectos colaborativos y generando infraestructura que permita validar soluciones antes de escalarlas industrialmente, además de facilitar casos de uso local.
Costos, infraestructura y bancabilidad
Uno de los desafíos abordados durante la jornada fue el costo nivelado del hidrógeno (LCOH), indicador que determina cuánto cuesta producir cada kilogramo. Reducir ese valor resulta determinante para mejorar la competitividad y la bancabilidad de los proyectos.
A ello se suman requerimientos de infraestructura compartida, disponibilidad de demanda, contratos de suministro, financiamiento, estándares tecnológicos y condiciones regulatorias que permitan reducir los riesgos asociados a inversiones de largo plazo.
La estrategia nacional actualizada en marzo de 2026 también pone énfasis en fortalecer la demanda interna, impulsar las exportaciones y desarrollar mayor valor local. Entre las actividades identificadas para acelerar el uso del hidrógeno aparecen sectores de difícil electrificación como minería, industria química y producción de combustibles sintéticos.
La validación tecnológica aparece precisamente como uno de los mecanismos para reducir parte de esa incertidumbre. El ITL ya seleccionó este año ocho proyectos que avanzarán desde el desarrollo tecnológico hacia pruebas en condiciones reales, en un portafolio que moviliza cerca de US$50 millones entre aportes y coinversión.
Rodrigo Valenzuela, gerente de Jolt Activated Electrodes, destacó el papel que puede cumplir el instituto al conectar actores y disponer de capacidades técnicas para probar tecnologías.
“No es muy común que nos juntemos los actores que estamos vinculados al impulso de la estrategia de hidrógeno o descarbonización”, sostuvo, destacando la posibilidad de pilotear soluciones sometiéndolas a las condiciones extremas que existen en distintas zonas del país.
Antofagasta como plataforma de prueba
La Región de Antofagasta ocupa un lugar relevante dentro de esa estrategia. El ITL considera al hidrógeno verde como una de sus cinco plataformas estratégicas, orientada al desarrollo y testeo de tecnologías de generación, almacenamiento y utilización de hidrógeno y sus derivados en condiciones reales.
Las condiciones de radiación solar, altitud y temperatura del norte permiten probar tecnologías en ambientes exigentes antes de su implementación comercial. Antofagasta cuenta, además, con una Hoja de Ruta del Hidrógeno Verde 2026-2035 que busca vincular el desarrollo de la industria con infraestructura, innovación, diversificación productiva y participación territorial.
La posibilidad de pasar desde una prueba a una aplicación comercial también fue planteada desde el sector logístico. Mauricio Ramírez Brain, gerente de desarrollo y nuevos negocios de Marval, explicó que la empresa busca incorporar tecnologías de hidrógeno en soluciones logísticas de cero emisiones.
La propuesta considera avanzar primero mediante un piloto que permita verificar el desempeño de camiones y realizar ajustes tecnológicos antes de evaluar su paso a escala industrial. “Creemos firmemente en una alianza con ITL para generar un primer piloto y, posteriormente, avanzar a escala industrial”, señaló.
El desafío para el hidrógeno verde chileno ya no pasa únicamente por ampliar la cartera de proyectos. Convertir pilotos y desarrollos tempranos en inversiones industriales requerirá demostrar competitividad, conseguir demanda estable, disponer de infraestructura y disminuir los riesgos tecnológicos y financieros que todavía condicionan las decisiones de inversión.

