La región concentra una creciente cartera minera y más de 7.000 litros por segundo en proyectos de desalación, abriendo una oportunidad para anticipar infraestructura compartida y nuevas tecnologías antes de que las futuras iniciativas definan sus diseños
La Región de Atacama se prepara para un nuevo ciclo de expansión minera en el que el agua aparece como una de las condiciones decisivas para viabilizar inversiones. La cartera proyectada supera los US$16.900 millones al 2034 y coincide con una creciente necesidad de ampliar la capacidad de desalación, transporte y reúso.
Según la última actualización del catastro elaborado por la Asociación Chilena de Desalación y Reúso (ACADES) y la Corporación de Bienes de Capital (CBC), Chile registra 65 proyectos de desalación, transporte de agua de mar y reúso en etapas de ingeniería o construcción, con inversiones por US$25.783 millones y más de 47.000 litros por segundo de nueva capacidad.
Atacama gana terreno dentro de ese mapa. La región cuenta con cinco plantas desaladoras en operación y un Sistema de Impulsión de Agua de Mar, mientras los proyectos en desarrollo podrían aportar más de 7.000 litros por segundo, el segundo mayor volumen proyectado después de Antofagasta. El uso del recurso también excede a la minería: Caldera y Chañaral se abastecen completamente con agua desalada y en Copiapó y Tierra Amarilla representa cerca del 15% del suministro urbano.
Una cartera que obliga a anticipar infraestructura
El desafío aumentará a medida que avancen iniciativas como Santo Domingo, Minera Candelaria y Huasco Water, además de las expansiones de Aguas CAP y Nueva Atacama. La futura operación de nuevos distritos de cobre, litio y otros minerales elevará las exigencias sobre una infraestructura que todavía tiene una parte importante por diseñar.
“En Antofagasta, gran parte de la infraestructura ya se construyó de forma independiente, por lo que el margen para coordinar es limitado. Atacama, en cambio, está en una etapa de diseño temprano, lo que abre una oportunidad concreta para planificar con mirada de sistema antes de que los proyectos consoliden sus diseños individuales”, sostiene Rafael Palacios, vicepresidente ejecutivo de ACADES.
Esa posibilidad adquiere especial relevancia en una región donde operaciones como Candelaria ya utilizan agua desalada como base de su abastecimiento productivo. Los proyectos con consumos y ubicaciones compatibles podrían compartir plantas, impulsiones o corredores de conducción, reduciendo líneas paralelas, ocupación territorial y duplicidades de infraestructura.
Tecnología desde la etapa de diseño
La planificación temprana también permite incorporar soluciones tecnológicas antes de construir. “Como integradores tecnológicos, observamos un cambio hacia sistemas de tratamiento modulares y descentralizados, además de la purificación sin adición de químicos”, señala Valentina Varela, gerente comercial de VOENS, apuntando a equipos capaces de tratar las corrientes cerca de su origen y devolverlas rápidamente al proceso.
Atacama posee así una ventaja frente a territorios donde la infraestructura ya fue desarrollada de manera fragmentada: una parte sustantiva de su próximo sistema hídrico aún puede planificarse. La decisión será si el crecimiento minero avanza mediante soluciones independientes o mediante una red donde desalación, transporte, reúso y tecnología se diseñen con una mirada común.
Con más de US$16.900 millones en inversiones mineras proyectadas y más de 7.000 litros por segundo de capacidad de desalación en carpeta, el próximo ciclo de Atacama dependerá también de cómo se produzca, transporte y comparta el agua necesaria para sostener nuevas operaciones.

