Estudio de la Universidad de Chile, el BID y Duke University revela que las bonanzas del cobre aumentan la matrícula en educación superior, pero también elevan la deserción, abriendo una alerta sobre movilidad social, capital humano y desarrollo sostenible en territorios mineros
El precio del cobre no solo mueve indicadores económicos, inversiones o ingresos fiscales. También influye en las decisiones de vida de miles de jóvenes que habitan territorios mineros de Chile, donde cada ciclo de bonanza puede abrir oportunidades laborales inmediatas, pero también afectar la continuidad educativa y el acceso a empleos de mayor calificación.
Así lo plantea el estudio “Digging deep: Resource exploitation and higher education”, desarrollado por Lenin H. Balza, del Banco Interamericano de Desarrollo; Camilo De Los Rios, de Duke University; y Nathaly M. Rivera, académica del Departamento de Economía de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile.
La investigación analizó datos individuales de más de tres millones de egresados de enseñanza media entre 2006 y 2018, cruzando información del precio internacional del cobre con indicadores territoriales de riqueza minera. El hallazgo central muestra una paradoja relevante para la minería chilena: cuando sube el valor del metal rojo, aumenta el ingreso a la educación superior, pero también crece el riesgo de abandonar una carrera antes de titularse.
El doble efecto de la bonanza minera
Según el estudio, un alza de un dólar en el precio del cobre incrementa la probabilidad de matrícula en educación superior en 2,58 puntos porcentuales en las zonas con mayor riqueza minera, equivalente a un aumento de 3,59%. Sin embargo, ese mismo impulso reduce la probabilidad de completar una carrera entre 0,3 y 3,8 puntos porcentuales, lo que representa una caída cercana al 9% en la tasa de finalización en regiones mineras.
“Cuando sube el precio del cobre, aumenta la matrícula en educación superior en las zonas mineras, pero al mismo tiempo aumenta la deserción”, explicó Nathaly Rivera, dando cuenta de un fenómeno que obliga a mirar la bonanza minera no solo como oportunidad económica, sino también como un desafío para la planificación educativa y territorial.
El estudio precisa que el aumento de matrícula se expresa principalmente como matrícula tardía, es decir, en jóvenes que no ingresan a la educación superior inmediatamente después de cuarto medio, sino un tiempo más tarde. Además, esa decisión se orienta con mayor fuerza hacia programas técnicos y vocacionales, más conectados con los requerimientos laborales de la industria minera y su cadena de valor.
Una alerta para la equidad territorial
La otra cara del fenómeno aparece entre estudiantes de menores ingresos, asociados a establecimientos públicos. Para este grupo, un auge minero puede ofrecer empleos atractivos en el corto plazo, elevando el costo de oportunidad de seguir estudiando una carrera profesional de mayor duración.
“Para estos jóvenes, los retornos relativos de un título caen frente al salario que podría estar ofreciendo el sector minero en el corto plazo, y muchos abandonan antes de titularse”, sostuvo Rivera. El efecto es más intenso en carreras profesionales de cuatro años o más, porque exigen postergar durante más tiempo el ingreso al mercado laboral.
La investigadora advierte que este comportamiento no debe leerse de manera simplista. En algunos casos, incorporarse al trabajo durante una bonanza puede ser una decisión racional frente a mejores salarios inmediatos. El problema aparece cuando esa salida se concentra sistemáticamente en jóvenes de menores recursos, porque puede limitar sus oportunidades futuras y reproducir brechas en territorios que requieren más capacidades para avanzar hacia un desarrollo sostenible.
Minería, capital humano y sostenibilidad
El estudio abre una pregunta estratégica para Chile: cómo convertir la riqueza minera en trayectorias educativas sostenibles, especialmente en regiones donde la actividad extractiva define buena parte de la economía local, la empleabilidad y las expectativas de futuro.
Desde esa perspectiva, la evidencia no apunta solo a un problema de acceso. La matrícula sube durante los ciclos positivos del cobre, pero el desafío está en retener, acompañar y titular a quienes ingresan a la educación superior, particularmente cuando las oportunidades laborales inmediatas compiten con la formación de largo plazo.
Programas de retención, becas de manutención, apoyo académico, orientación vocacional y articulación con centros de formación técnica aparecen como herramientas relevantes para fortalecer la permanencia. También se vuelve clave acompañar la transición entre la enseñanza media y la educación superior, sobre todo en jóvenes que podrían quedar fuera del sistema educativo y laboral durante ese período decisivo para su trayectoria formativa.
El territorio también se juega en las aulas
Para las regiones mineras, este debate va más allá de la educación. Si una parte importante de jóvenes de menores ingresos abandona carreras profesionales durante ciclos de bonanza, la capacidad del territorio para generar empleos de mayor calificación, innovación y diversificación productiva puede verse debilitada cuando los precios de los commodities bajan.
“Si una parte importante de los jóvenes de regiones mineras se queda sin título profesional, su capacidad de transitar hacia empleos de mayor calificación, y la capacidad de la región de adaptarse cuando los precios caen, queda comprometida”, aseguró Nathaly Rivera.
Por eso, el estudio invita a mirar el boom del cobre con una perspectiva más amplia. La minería puede ser motor de crecimiento, pero su aporte al desarrollo territorial dependerá también de su capacidad para impulsar movilidad social, formación técnica, educación superior y resiliencia económica en las comunidades donde opera.
En un país que busca avanzar hacia una minería más sostenible, competitiva y conectada con sus territorios, la pregunta de fondo no es solo cuánto aporta el cobre al presente, sino cómo esa riqueza puede convertirse en futuro educativo, capacidades locales y oportunidades reales para las nuevas generaciones.

